El cáncer es una de las mayores epidemias que sufre el mundo actual, diagnosticándose millones de casos al día debido a sus múltiples variantes y llevándose la vida de muchos de ellos tras no superar el tratamiento al ser diagnosticados de manera muy tardía cuando el tumor se encuentra ya en sus fases más avanzadas y sólo queda el remedio del tratamiento paliativo y no curativo.

Así, el cáncer colorrectal es un tipo de enfermedad maligna que incluye a todos los tumores que se desarrollan en el colon y el recto. Aunque muchos de los tumores que crecen en el colon y recto suelen ser benignos y diagnosticados con la suficiente antelación previo paso a que se conviertan en tumores malignos, algunos de ellos no son diagnosticados a tiempo y suelen progresar hasta convertirse en tumores malignos.

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El cáncer de colon produce más de 600.000 muertes anuales, es la tercera variante de cáncer más común y, la segunda causa de muerte en países del continente americano. Factores como la edad superior a 60 años, hábito tabáquico, enfermedades crónicas del aparato digestivo como Enfermedad de Crohn o Colitis ulcerosa y una dieta rica en carnes y baja en frutas y verduras, hacen que aumente el riesgo de padecer esta enfermedad.

Los síntomas del cáncer colorrectal se suelen manifestar cuando ya éste se encuentra en fases muy avanzadas y ya tienen afectados los ganglios linfáticos regionales o cuando ya ha hecho metástasis. Los síntomas más comunes son dolor abdominal y sangre en las heces. El diagnóstico realizado por el cirujano comporta una buena exploración física complementada con técnicas de imagen como una colonoscopia para poder visualizar el tumor y posteriores técnicas radiológicas para determinar el avance de la enfermedad.

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Por ello y por ser una enfermedad tan prevalente, las investigaciones llevadas a cabo para este tipo de cáncer son numerosas y variadas. Así un equipo de investigación de Barcelona, España, ha descubierto que lo que ellos pensaban que era un gen oncogénico, no lo es en realidad y que su pérdida en pacientes afectados por este cáncer empeora el pronóstico ya que predispone a sufrir de tumores más grandes y más agresivos.

Desde hace 30 años se pensaba que el gen RHOA era un gen oncogénico, es decir, que convertía a las células normales en tumorales. Sin embargo, Diego Arango, médico y autor principal del estudio que nos comporta ha descubierto que la función de este gen no era para nada la pensada e inició un estudio en el que a ratones con la enfermedad y, mediante técnicas de ingeniería molecular, se les suprimía el gen RHOA.

Los resultados del estudio esclarecen la función de este gen en los cánceres colorrectales y determina que su pérdida acelera el avance de la enfermedad, predispone al crecimiento de tumores aún mayores en tamaño y hace que las células tumorales sean más metastásicas. Esto ha llevado a un nuevo abordaje del gen, debido a que no tiene la misma función en cáncer de colon que en pulmón o mama, donde en estos últimos si se comporta como oncogénico favoreciendo el crecimiento tumoral.

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