He de confesar que, si volviera a nacer y la situación económica de mi familia me lo permitiera, con toda seguridad elegiría la carrera de Arqueología. Y es porque cada vez que leo sobre algún nuevo descubrimiento o estudio al respecto, no puedo evitar sentir cómo se me eriza el pelo, pensando en lo que sentirán los expertos ante nuevos hallazgos y revelaciones tal y como les habrá ocurrido en Turquía y Chile

El primero, me deja boquiabierta. Esta vez, el territorio protagonista de un impresionante hallazgo es Anatolia Central, para ser más concretos, en la provincia de Nevsehir, en Turquía.

Hablamos de la friolera de 5 mil años de antigüedad que vienen ocupando una superficie de más de 75 hectáreas. Se trata de una nueva ciudad subterránea que, como es de suponer, pasa a considerarse como un valioso tesoro arqueológico. Amén de los edificios habitables, propios de una ciudad, también se han hallado iglesias y otros objetos que serán sujetos a un concienzudo estudio.

Tal hallazgo se debió a las obras para la construcción de viviendas que se venían realizando, por parte de la “Administración para el Desarrollo Habitacional de Turquía” (Toki). Ya se empieza a considerar el enclave arqueológico más importante descubierto en este año. De momento, las obras se han suspendido y la zona será protegida.

Bastante alejados de territorio turco, se encuentran las famosas siluetas gigantes sobre la superficie del desierto de Atacama. Tal vez las revelaciones de Gonzalo Pimentel, de origen chileno y experto en arqueología, jeroglíficos y cultura precolombina, dejen desilusionados a ufólogos y aficionados al misterio. Confieso que seré un@ de ell@s.

Para Pimentel, no existe duda de que tales figuras, de entre 10 y 300 metros, están estrechamente relacionadas con la obra del hombre. Estos testimonios sobre la arena no serían nada más que señales grabadas por antiguos viajeros en un afán de dejar constancia de su tiempo y de su origen. Podría tratarse de diferentes culturas del “Mundo Andino Precolombino”, tales como, quechuas, tarapaqueños, y aimaras, entre otras.

Si se me permite dejar mi humilde e ignorante opinión personal y, respetando la autoridad de Pimentel en esta materia, sigue sin convencerme esta explicación. Es más, me preocupa que, tal y como declara el experto, figuras que, hasta ahora, presentan un óptimo estado de conservación, lleguen a resultar muy dañadas tras su estudio. En verdad, no sé si merece la pena seguir adelante con ello.





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