Los Boston Celtics, liderados por Brad Stevens derrotaron con un amplio marcador de veinte puntos (86-106) a unos New York Knicks que no lograron entrar en el partido en ningún momento y que solo en el primer cuarto lograron plantar cara al equipo de Massachusetts, desinflándose después en una sangría de veinticuatro puntos en los tres últimos cuartos.

En el primer cuarto lograron incluso acabar el cuarto por encima de sus rivales por cuatro puntos (31-27). sin embargo ese fue el único cuarto en el que el equipo de la ciudad de Nueva York ha logrado un resultado positivo.

En el segundo cuarto la ventaja se invirtió con un cuarto en el que el equipo se dejó seis puntos (21-27).

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Si embargo la situación no era grave aún. Dos puntos no son nada en el baloncesto y, de la misma manera que el equipo de Boston había perdido de cuatro en el primer cuatro ahora ellos habían perdido de seis el segundo, nada importante.

Sin embargo llegamos al tercer cuarto, en el que el equipo de Boston superó a sus oponentes por once puntos (16-27) en un parcial que acabó por dejar muy claro que el equipo de Nueva York tenía un problema grave si quería ganar este partido.

El último cuarto solo sentenció el resultado con un nuevo parcial negativo, esta vez por siete puntos (18-25), lo que cerraba un partido en el que no habían podido plantar cara a Boston. El primer cuarto había sido un espejismo, un momento de brillantez que no se sostenía en el tiempo, pues un equipo no vive de genialidades y menos en el baloncesto.

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Destacar una virtud de los jugadores del equipo de Massachusetts. Todos los cuartos han acabado con una anotación de 27 puntos salvo el último, en que fue de 25. Esto demuestra una regularidad que sus oponentes no pudieron ni siquiera soñar en alcanzar. Al final el partido acabó porque los jugadores de Nueva York se desplomaron en anotación, no pasando apenas de los veinte puntos en ninguno de los tres últimos cuartos.

Las cosas tienen que cambiar en Nueva York si quieren aspirar al título.