Rafael Nadal no es zurdo. En realidad en su vida diaria es diestro. Escribe con la derecha. Sostiene los objetos con la derecha. Solo hay que verle en los descansos para observar que lo único que hace con la mano izquierda es jugar al tenis. Y eso tiene una razón de ser. Estadísticamente la mayor parte de los tenistas, al igual que ocurre en el mundo cotidiano del día a día, son diestros. Esto lleva a que enfrentarse a un zurdo sea más complicado. Todos los golpes que has entrenado una y otra vez día tras día, partido tras partido, de pronto dejan de funcionar. Ese precioso golpe al revés de tu rival se torna de pronto una bola a la derecha que será respondido con un estacazo que te estampará contra el fondo de la pista.

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Por el contrario su mejor golpe llegará de donde menos entrenado lo tienes. Su mejor golpe cruzado irá a tu revés, donde más duele. Por ello, a Nadal, que era ambidiestro, le entrenaron para jugar con la izquierda.

Sin embargo esto no evita que un jugador zurdo, que también a entrenado para jugar contra diestros, tenga mayores dificultades contra otro zurdo. De nuevo los golpes que más duelen no funcionan contra tus rival y las rutinas, las combinaciones de golpes, que te llevan a la victoria de pronto se encuentran con una respuesta que no es la habitual. Y eso en un jugador con las horas de entrenamiento de Nadal es un problema, pues las tiene muy interiorizadas.

Su oponente, el zurdo Martin Klizan, aprovechó esta mínima ventaja para sacar petroleo y no dejó oportunidad a Nadal para rehacerse o para pensar en una estrategia o para sacar toda la calidad que atesora.

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Sencillamente le sacó a palos de la pista y arrancó una victoria agónica en la que tuvo que salvar bolas que sentenciaban el partido en las mangas dos y tres, después de lograr llevar la primera al desempate que acabó por perder contra uno de los mejores jugadores del mundo, que es letal en las distancias cortas.

Klizan salió de la pista con la frente muy alta, sabedor de que esta ha sido una victoria muy importante y que le reportará muchos titulares. Solo queda felicitarle por ello.