La octava partida del Mundial de Ajedrez finalizó con un nuevo empate que acerca un poco más a Carlsen a revalidar el título obtenido en 2013. La partida, que apenas duró dos horas y media nunca dio sensación de peligro para el jugador noruego que jugó casi al toque, empleando 45 minutos únicamente. Wiswanathan Anand intentó atacar con una apertura de dama que derivó en el Gambito de Dama.

A juicio de expertos como el español Paco Vallejo, es esa la estrategia más adecuada que puede utilizar el indio para vencer al jugador nórdico. Sin embargo, se echó en falta un poco más de riesgo por parte de las piezas blancas y los analistas coinciden en que Anand necesita un poco más de valentía si quiere revertir el marcador adverso que ahora se mantiene.

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El estilo de Carlsen consiste en introducir alguna variante nueva en la apertura que no haya sido suficientemente estudiada para que la partida no transcurra en lo posible por caminos conocidos donde los jugadores más expertos en teoría o los que han analizado más partidas tengan ventaja. Así, en esta ocasión, la novedad se introdujo en el movimiento 9. A partir de ahí las negras obtuvieron una posición muy cómoda que parecía llevar inevitablemente a las tablas, sin que Anand pudiese cambiar la deriva del juego.

Quizá por la comodidad de la partida Carlsen pareció aburrido, cerrando los ojos y apoyándose en la mano y el codo, como si estuviese a punto de quedarse dormido. En otras ocasiones se repantingaba en la silla de un modo que pocas veces, por no decir ninguna, puede verse en una competición de ajedrez.

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De nuevo estas actitudes causaron polémica entre los aficionados que echan en cara a Carslsen ciertas actitudes antideportivas aunque el jugador alegó que estaba cansado y que no había sido un buen día para él desde el punto de vista físico por lo que estaba contento con el resultado.

Con 4,5-3,5 en el marcador, las oportunidades para Anand se estrechan y ya solo jugará con blancas en dos ocasiones más. Los que quizá sean sus dos últimos cartuchos para intentar asaltar la corona del campeón.