Ricky Rubio es el jugador franquicia de los Minnesota Timberwolves. Eso era algo que tenían claro absolutamente todos los que veían los partidos de la franquicia. Sin embargo las cifras no decían lo mismo, pues no cobraba en función de lo que merecía y no parecía que sus jefes tuvieran intención de cambiar eso. Sin embargo con la llegada del final de su anterior contrato con los Minnesota Timberwolves llegó el momento en el que hubo que hablar de dinero.

Ricky es un jugador muy valioso para un equipo que no cuenta con excesiva publicidad y necesita que sus jugadores proporcionen todo el poder de atracción de atención posible.

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Ricky es un base atípico en la liga de baloncesto profesional de Estados Unidos, pues no es un base especialmente anotador. En Estados Unidos se espera que un base aporte anotación al equipo, aspecto en el que Ricky Rubio flaquea ligeramente.

Sin embargo es el uno de los mejores asistentes de toda la liga y uno de los mejores en robos de la anterior temporada. No es un aporte en modo de canastas pero sí lo es en forma de ocasiones manifiestas de anotación que el equipo puede aprovechar para hacer subir las cifras sin que Ricky sea el lanzador.

Pero eso no es todo, también es un jugador muy espectacular, lo cual ayuda mucho en una franquicia pequeña que necesita de jugadores que atraigan la atención.

Los agentes del jugador, sabedores del valor económico que para la franquicia representaba el jugador decidieron presionar a los dueños para que hicieran una oferta acorde a este valor.

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Tanto presionaron que el acuerdo llegó sobre la bocina, usando un símil baloncesto, y se firmó a última hora del último día posible para que el jugador no sea agente libre en verano.

Ahora el contrato ata al jugador por un total de cuatro años, hasta la temporada 2018-2019 por un total de cincuenta y seis millones de dólares, unos catorce millones de dólares por temporada. Por lo tanto hasta esa temporada, salvo traspasos, el jugador español militará en las filas de los Minnesota Timberwolves.

El culebrón ha tenido esta vez un final feliz, sin embargo el riesgo, como las apuestas, ha sido alto. Poco ha faltado para convertir a Ricky Rubio en un agente libre valiosísimo.