Cuando los españoles y portugueses acudieron a América lo hicieron con una promesa muy clara, aunque inconfesable, la posibilidad de hacerse ricos esquilmando un continente que no era el suyo. De entre todas esas posibles riquezas que pudiera reportarles la "civilización" de los habitantes de este continente las dos más importantes eran sin duda la plata y el oro. El mito más importante de todos los que acompañaron la conquista fue "El Dorado".

Como después la historia nos contaría la gran riqueza del continente no estaría ni en el oro, ni en la plata, sino en las materias primas. Grandes cantidades de productos agrícolas acompañan a materias primas extractivas como el petroleo o la madera en el ranking de productos que más ofrecen al inversor.

Anuncios
Anuncios

Ahora ha llegado el turno para Bolivia de pensar en obtener riqueza del litio. El litio es una materia prima muy necesaria en el mundo de la electrónica. Eso es así porque gran parte de los productos esenciales en muchos de los productos electrónicos que usamos cada día tienen en el litio un componente principal. El caso más claro es el de las baterías. Desde un móvil hasta un coche eléctrico pueden necesitar litio para sus baterías y en todos los casos ese material debe extraerse.

Muchos países sudamericanos entregaron este material a capitales extranjeros, que los han explotado sin entregar nada a cambio al país del que lo obtenían. Sin embargo hace un tiempo que Evo Morales decidió que no era necesario que otros obtuviesen la riqueza del país, que el propio país podía quedarse esa riqueza.

Anuncios

Para ello, debía obtener la tecnología que permitiese que solo los bolivianos obtuviesen el rédito de lo que es de los bolivianos.

La gran incógnita que subyace es si Bolivia está capacitada para afrontar la industrialización sola. "El Gobierno ha hecho mucho ruido, pero no ha pasado de la retórica grandilocuente. No hay un plan serio. No hay una industria de los recursos naturales. Eso un sueño para los bolivianos", opina el economista Henry Oporto. Ahora le toca al Gobierno hablar.