Hasta hace muy poco tiempo, tan sólo se suponía o teorizaba sobre los sentimientos de los #Animales, pero, por fortuna, ya son muchos los científicos que van desterrando esta duda haciéndonos ver lo equivocados que estábamos en nuestra ancestral creencia de superioridad.

Citaré, sin ir más lejos, al neurocientífico canadiense Philip Low, Se le conoció a través de un proyecto que ayudó a Stephen Hawking a comunicarse por medio de la mente. Los resultados se revelaron en Cambrige dando luz al reconocimiento de toda la comunidad neurocientífica, de que todos los mamíferos, aves y otros animales, incluido el pulpo, tienen conciencia.

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En su día, Low, junto con otros 25 investigadores, afirmaron que las mismas estructuras cerebrales que producen la conciencia en seres humanos, existen también en los animales. Puntualizaron además, que: "Las áreas cerebrales que nos distinguen de otros animales, no son las que producen la conciencia".

La principal característica del ser humano, que no poseen los animales, es la capacidad de hablar. La utilizamos como herramienta de comunicación y, ni así, logramos entendernos, aunque simulamos hacerlo. Hemos olvidado nuestra naturaleza y estamos atrapados en estructuras que nos impiden una conexión real con los otros. No ocurre así en el reino animal. Pero seguimos afirmando que los animales carecen de emociones al no poseer el don de la palabra.

De la magnífica entrevista que, Anima Naturalis, organización para la defensa de los animales, realizó a Low, se extrajeron estas clarificadoras conclusiones. No cabe duda de que muchos pájaros reconocen individuos humanos, aunque es probable que utilicen una serie de pistas: altura, complexión o colores.

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Sin embargo, los cuervos, pueden, incluso, reconocer los rostros. Quedó confirmado a través de experimentos donde los científicos usaron diferentes máscaras al atrapar unos cuantos cuervos silvestres. Una vez anillados, fueron puestos de nuevo en libertad. Los investigadores caminaron en torno a las aves hasta que, basándose en graznidos de advertencia, pudieron registrar a quién iba dirigida su hostilidad.

Los cuervos que habían sido capturados por los individuos con máscara y a los que antes habían ignorado, ahora reaccionaban con agresividad ante cualquiera que llevara alguna de las máscaras usadas por los captores, sin importarles la vestimenta o su forma de caminar.

En una reunión de académicos, celebrada en Londres, se habló sobre la capacidad de las vacas para disfrutar resolviendo problemas y la facilidad con que las ovejas son capaces de entablar profundas amistades.

Uno de estos académicos, Donald Broom, profesor de Bienestar Animal en la Universidad de Cambridge manifestó que se había enseñado a las vacas a abrir su corral por medio de una palanca y observaron grandes señales de satisfacción cuando estas lograban entender el funcionamiento del mecanismo.

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Según declaraciones de Broom a la BBC, las vacas tuvieron una respuesta muy entusiasta. Creció su ritmo cardíaco y aumentaron las situaciones en las que saltaban o galopaban hacia la comida.

¿Qué ocurre con las hormigas? Aunque parezca increíble, tienen un cerebro simple que contiene alrededor de 250.000 neuronas (miles de millones en los humanos), pero una colonia de hormigas posee un cerebro común tan grande como el de cualquier mamífero. ¿Podría entonces tener sentimientos el colectivo de la colonia?