La buena noticia que supuso el anuncio de EEUU y China -dos de los países más contaminantes del mundo-, por el cual se comprometían a reducir la emisión de gases invernadero en sus respectivos países durante los próximos años, quedó algo enturbiada por los débiles acuerdos y las disputas por motivos económicos, que han tenido lugar en la Cumbre del Clima, en Lima.

Tenemos que alegrarnos, no obstante, de que Estados Unidos se empeñe en reducir las emisiones de CO2 en un 28% para el año 2025. Y de que China considere comenzar a recortar dichos niveles a partir de 2030, así como a fomentar el uso de energías renovables. Muchos seguimos pensando que para entonces ya será demasiado tarde, pero desde luego, algo es algo.

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Finalmente, la Cumbre de Lima cerró a toda prisa aquellos acuerdos que durante quince días no se habían podido resolver. El documento es bastante flojo, pero cumple la función de cara a la galería, haciendo creer al mundo que la Cumbre no ha sido un completo fracaso, una vez más.

El tiempo apremia, ya que según los científicos hay que implicarse realmente en la lucha contra el cambio climático, que es algo que no se puede demorar más, si no queremos que la situación sea irreversible para la Tierra. Por eso, todas las esperanzas del planeta están puestas en la próxima Cumbre del Clima en París, en 2015, la cual se pretende que sea un éxito comparada con el reciente fracaso en Lima.

Lo cierto es que el problema económico es un lastre en la lucha contra el cambio climático. Es lógico que los países subdesarrollados y aquellos que están en vías de desarrollo no quieran frenar su crecimiento, y para ello necesitan seguir contaminando.

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Los países ricos, por su parte, no quieren parar de crecer, y para crecer hay que contaminar. Es la pescadilla que se muerde la cola. Lo cierto es que el mundo se basa en la economía, y la economía del crecimiento, es insostenible. No podemos crecer infinitamente en un mundo finito. Si no se cambian los esquemas, sobre los que se basa el funcionamiento del mundo, nunca se llegará a un acuerdo y, ni mucho menos se conseguirá frenar la crisis medioambiental.

Esperemos que los países hagan sus deberes, presenten medidas reales y se comprometan de una manera firme a luchar contra el calentamiento global, en la próxima Cumbre de París. De lo contrario, veremos cómo se hacen realidad todas las predicciones de los científicos.