Bullying no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE), pero el uso de este término es cada vez más habitual en nuestro idioma. El concepto refiere al acoso escolar y a toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre escolares, de forma reiterada y a lo largo del tiempo.

Amy Briggs, es de Nueva York, está casada hace 22 años y tiene dos hijos: Michael y Daniel. El más grande de ellos es Daniel, tiene 16 años y una personalidad "distinta" a sus compañeros de colegio. El sólo quería ayudar a las personas, y así fue como comenzó a visitar todos los días a un vecino para acompañarlo ya que le habían diagnosticado cáncer.

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Luego de que él muriera, el adolescente continuaba yendo a la casa para ayudar a su esposa.

Daniel sufrió bullying durante toda su vida escolar, pero durante la secundaria los problemas comenzaron a ser mayores. Sus intereses eran distintos a los de los otros grupos que adoraban los deportes, a él le encantaba ir a cazar. Y los ataques comenzaron con apodos desagradables, las agresiones aumentaron y sus compañeros le arrojaban basura, empezaron a golpearlo y hasta le hicieron lamer una ventana del colectivo. Un noche le enviaron un mensaje de texto en cual lo amenzaban de la golpiza que la darían al otro día cuando fuese camino al colectivo, el preguntó porque iban a pegarle y la respuesta fue "porque eres un idiota y necesitas que te golpeen". Esta amenaza también se concretó.

El desenlace comenzó con un mensaje de texto que decía: "Porque no tomás una de tus armas, le haces un favor al mundo y te suicidás", a lo que Daniel respondió "Ya no tendrás que preocuparte más por mi, voy a ir a mi casa y me voy a suicidar".

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A esto obtuvo como respuesta "hacelo o callate". El adolescente había tomado la determinación de suicidarse y comenzó a comunicárselo a todas las personas que encontraba en su camino: lo dijo en la cafetería, a sus compañeros de clase, incluso al chofer del colectivo quien no tomó seriamente las palabras y le contestó "Nos vemos mañana Dan".

A la última persona que Daniel decidió comunicárselo fue su amigo de caza Matt, y le pidió "Por favor no llames a mi mamá, ella me va a llevar al hospital". Mientras Matt mantenía a su amigo en el teléfono intento comunicarse con los padres del adolescente, pero ellos no atendieron y perdieron la llamada. Cuando los padres conocieron la noticia de que su hijo intentaría quitarse la vida estaban muy lejos de casa, por lo que llamaron a una vecina para que se acercara para intentar detenerlo, pero fue tarde. Cuando ella entró en la vivienda escuchó el sonido del disparo de la escopeta que terminó con la vida de Daniel. #EEUU #Estados Unidos #Discriminación