Desde que paso de ser una dirigente estudiantil a ser diputada en el #Congreso chileno, Camila Vallejo no ha parado de luchar, el anhelo de que la #Educación para todos no sea un privilegio, sino un derecho, sigue más vigente que nunca. Preside la comisión de Educación de Diputados con el desafío de que educarse sea gratuito para el 2016.

Han pasado algunos años desde su presidencia de la FECh (Federación de Estudiantes de la Universidad de #Chile), de las marchas en las calles de Santiago, de las movilizaciones en las principales calles de Chile y de ser considerada por los lectores ingleses The Guardian como la persona del año en 2011.

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Pero la militancia y la lucha sigue, con el mismo deseo de inclusión educativa pero de otra forma. Y es que estar en una cámara legislativa tiene desafíos diferentes a la lucha en las calles de 2011, donde están representados diferentes intereses que tratan de mantener el statu quo, donde las ideas se deben plasmar en proyectos de ley, con una oposición que a pesar de ser minoría, igual presenta una resistencia férrea a través de los medios y de sus organizaciones aliadas afuera del Congreso.

Por eso no debe ser sencillo conducir una comisión donde toca los proyectos de reforma de la educación, escuchando a las diversas organizaciones. Con una oposición que no ve a la educación como un derecho, sino como un bien más de consumo, que cree más en la libre competencia, como si fuera algo con lo que se puede lucrar.

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Y por eso es que retrasan la discusión en forma constante.

Y donde al reves de la que podría pensarse, las mayores luchas a veces se producen entre los legisladores de la misma bancada. Si bien son una minoría, suele hacerse declaraciones en consonancia con lo que plantean los partidos de derecha. Ese doble discurso genera confusión y pareciera que algunos legisladores ayudan más a la derecha que al avance de este proyecto.

Camila Vallejo espera que educación gratuita universal, en todos los niveles, se cumpla, que no sea algo en forma tan gradual que para que se vean las reformas pasen dos generaciones. Si se da en unos años no estaría tan mal, ya que se tiene que dar en plazos razonables. Y no, por el crecimiento económico, verse condicionadas reformas tan importantes como son la educación, una nueva constitución y una reforma laboral.