La circuncisión femenina, también llamada mutilación genital o ablación del clítoris, es una práctica cultural que se ha convertido en motivo de denuncia y controversia, sobre todo en los países occidentales.

Desde el punto de vista occidental la mutilación genital femenina es una violación de los derechos humanos de las mujeres y las niñas y se trabaja para erradicarlo. Según la Organización Mundial de la #Salud (OMS) comprende aquellos procedimientos que, por motivos no médicos y de forma intencionada, lesionan y alteran los órganos genitales femeninos.

Esta práctica está reconocida internacionalmente, incluso en algunos de los países en los que se practica, como una violación de los #Derechos Humanos que ayuda a perpetuar la desigualdad de género y la discriminación hacia las mujeres y niñas, afectando su salud y bienestar.

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El informe de UNICEF del año 2011 calcula que más de 70 millones de niñas y mujeres de 15 a 49 años de edad han sido sometidas a la MGF en 28 países africanos, además de Yemen, y tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir esta práctica cada año en el continente africano.

Se practica principalmente en 28 países del África subsahariana, en algunas partes de Oriente Medio y Asia como Yemen, Omán, norte de Irak, algunas regiones de la India, Malasia, Indonesia, etc. Con los flujos migratorios, este ritual puede encontrarse también en Europa, Australia, Estados Unidos de América, etc., porque forma parte de las tradiciones de estas comunidades.

Clínicamente se habla de consecuencias inmediatas de la MGF como un fuerte dolor, hemorragia, retención de orina, infecciones, y de consecuencias a largo plazo, como la aparición de dolor crónico, infecciones vesicales y urinarias de repetición, esterilidad, queloides, trauma psicológico y VIH / SIDA.

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Por otra parte, desde la interpretación de las diferentes comunidades en las que se practica este ritual, el significado es diferente al que se le da desde Occidente. Como ritual, tiene un fuerte arraigo, con un significado simbólico muy fuerte. Se practica más en los ámbitos rurales y, a medida que los individuos van hacia los entornos más urbanos, la práctica pierde fuerza.

La MGF es una práctica cultural, que no se asocia a ninguna religión. Se cree que su origen está en la época neolítica, mucho antes de la aparición de cualquier religión monoteísta.

Las comunidades que tienen esta práctica cultural argumentan que es necesaria para reforzar el sentimiento de pertenencia al grupo, proteger la feminidad, favorecer la fertilidad, la pureza y la virginidad de la mujer, asegurar el matrimonio, evitar la desviación y el adulterio, y mantener una higiene saludable. Es una prueba física que confirma que la niña ha sido iniciada en la edad adulta, confirmando su feminidad y matrimonio y asegurando que recibe las enseñanzas necesarias para cumplir con el papel que tienen las mujeres. 

La cultura es dinámica y, en este ritual, como en muchos otros, hay cambios.

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Por ejemplo, individuos que han inmigrado de estas comunidades empiezan a entender que es un ritual poco necesario, con poco sentido en el país de acogida al que llegan. Algunos individuos han encontrado estrategias para evitar la mutilación de las niñas explicando a sus comunidades que no pueden volver al país de occidente en el que están trabajando para ganar dinero para la familia si se mutilan a la niña. Aún así, queda mucho camino por recorrer.