La pena de muerte es algo que mucha gente está en desacuerdo, porque dicen que Dios da la vida y es Dios quien debe quitarla y no otro ser humano que deba tomar justicia por sus manos.

En realidad,  muy polémico hablar sobre este asunto de la pena de muerte. Sorprende que una persona no pueda hacer justicia quitando la vida a otro ser humano en casos como,  por ejemplo: un asesinato aberrante como fue el caso de Mariluz violada y ahogada o de Nagore que la quemaron viva. También hay casos de padres que violan a sus hijos de meses y luego presentan quebraduras fruto de violaciones repetidas y maltrato.

Comentaremos el caso de Amparo, una mujer quien si tomó justicia por sus manos vengando así la violación que tuvo su nieta de 12 años y a quien la dejó embarazada.

La justicia había dicho que la menor debía tener a su hijo aunque sea fruto de una violación y que al violador se le había condenado a 5 años de cárcel. La bronca de Amparo ante el veredicto del juez hizo que decidiera tomar justicia por su propia mano para vengar lo que le había hecho este personaje. Amparo salió del juzgado, esperó pacientemente al violador de su nieta y le metió cuatro tiros: dos en el pecho, uno en la cabeza y otro en el estómago. El violador murió al instante y a Amparo la cogieron dos policías después del incidente.

Si bien fue juzgada, fue absuelta producto de un arrebato emocional. Fue imputada como homicidio en primer grado.

También ha tomado justicia por su mano Francisco, quien ha vengado la muerte de su hija. El relato comienza con que su joven hija de 15 años había ido a una fiesta de unos amigos. Y en horas de la madrugada, encontró en la puerta el cadáver de su hija donde vio con espanto que su cara estaba totalmente desfigurada por un ácido, arrancada totalmente la cabellera y pinchazos en el antebrazo señal de una sobredosis de droga. Enseguida dieron con los jóvenes que hicieron esas aberraciones y el juez impuso fianzas para los acusados. Al salir de la cárcel cada uno, cada 15 días habían aparecido los tres jóvenes muertos en la misma forma que la hija de Francisco.

Hoy Francisco no se arrepiente de sus tres delitos: dice que siente que ha vengado la muerte de su hija y que si le impusieran pena de muerte, moriría feliz porque no solo vengó la muerte de su hija sino que volvería a reencontrarse con su hija del otro lado del velo.