La crisis del ébola tiene varias caras. La terrible es la sanitaria, la enfermedad que provoca, mortal en un alto número de casos. Pero también tiene otras caras, tampoco amables, aunque menos dantescas. Es el caso del creciente miedo a volar, sobre todo desde que se supo que la segunda enfermera contagiada de ébola en Estados Unidos viajó con fiebre en avión.

El miedo a los aviones a causa del ébola tiene, a su vez, dos caras. Por un lado, está el pánico que despierta para la tripulación y para los pasajeros la posibilidad de contagiarse de la enfermedad por viajar con un paciente infectado. Por otro lado, está el pánico de las autoridades sanitarias de los diferentes países, que temen que pueda entrar alguien infectado desde los países en los que el ébola ya es una epidemia.

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En el primer caso, el miedo no está tanto en que pueda viajar alguien con la enfermedad pero sin síntomas, sino más bien en la posibilidad de que alguien de la tripulación o algún pasajero presente los síntomas durante el vuelo o que embarque en el avión habiendo manifestado los primeros síntomas de la enfermedad. Según los expertos, el riesgo de que el ébola se contagie en un avión, incluso si hay un pasajero infectado con síntomas, es bajo, excepto para la persona que se encargue de cuidar al enfermo, si la hay.

En cuanto al segundo caso, al de la vigilancia de los pasajeros para evitar que el virus sea exportado a distintos países, hay que destacar que es posible que esto ocurra, porque, de hecho, ya ha ocurrido en Estados Unidos. A este respecto, en Estados Unidos varios diputados han pedido al Gobierno que prohibiera entrar en el territorio a personas procedentes de los tres países más afectados: Sierra Leona, Liberia y Guinea-Concakry.

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Para Barack Obama hacer tal cosa sería contraproducente, así que, de momento, en Estados Unidos se limitarán a los controles habituales.

En Francia, por su parte, se le está tomando la temperatura a todos los viajeros procedentes de la zona de riesgo. Esta medida evita que entren personas con la enfermedad al país, siempre que en el momento de su llegada no tengan fiebre, ahora bien, en el caso concreto de Estados Unidos, el primer caso de ébola diagnosticado allí llegó de esa manera, sin síntomas, desarrollándolos días después.

La medida más drástica, desde este punto de vista, la ha tomado México, en este caso con un barco, al que ha denegado el permiso para atracar en la isla de Cozumel. Se trataba de un crucero en el que una de sus pasajeras era sospechosa de tener el ébola. No había manifestado síntomas, sin embargo le había hecho análisis de orina a Thomas Eric Duncan, el liberiano que llegó a Estados Unidos con el virus.