El papa Francisco sigue empeñado en abrir un campo nuevo para una iglesia necesitada de renovación y en la que son necesarios aires nuevos, sobre todo en el terreno social.

La jubilada de argentina Doña María Teresa Celina Fernández, a quien llaman "Calcuta", ahorraba parte del dinero de su modesta pensión para un viaje ilusionante para ella, quería ir a Roma a cumplir el sueño de su vida que era conocer al Papa. Este sueño se convirtió en pesadilla al hacerse pasar telefónicamente unos delincuentes por su hija secuestrada y decirle que tirase la plata del rescate por la ventana del piso.

La hija, que trabaja para una ONG, escribió una carta para el Papa, que le llegó, y, al cabo de unos días, el pontífice le llamó a casa para interesarse por el tema, la sorpresa de la hija fue tremenda, ya que aunque la carta la mandó con la intención de que le llegase, no esperaba que le fuera a responder o, si lo hacía, lo último en lo que pensaba era que le llamase el Papa personalmente.

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Al final acordaron una hora en la que María Teresa se encontrase en su domicilio para que la llamada del Papa se produjese y bien que lo hizo. La octogenaria recibió una gran sorpresa que ni en sueños imaginaba y Bergoglio trataba de tranquilizarla, hablaron del suceso que le ocurrió y de la inseguridad que se vive en su barrio de Palermo, así como de la mala situación que pasa la Argentina. María Teresa le pidió emocionada que rezase por el país y el papa le comentó que lamentablemente eran campeones en pasar por situaciones complicadas que parecen no tener fin.

Una historia más en el haber de un papa que tiene una manera de actuar que sorprende a propios y extraños, actuando como si fuera un cura de barrio cercano a los problemas de la gente. Es algo simbólico ya que, obviamente, el Papa no puede atender a todas las personas, pero no solo con sus actuaciones reconforta a las personas a las que sorprende con sus actos, sino a el conjunto de una masa social católica necesitada de un padre espiritual que dé ejemplo de comportamiento y el papa Bergoglio lo da.