Argentina será el país Invitado de Honor en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México. Como cada año, la Feria Internacional del Libro se convierte en el mayor escaparate del mundo de la creación literaria de habla hispana. La Feria, que llega a su vigésimo octava edición acostumbra a señalar a un territorio, país o región como protagonista de honor de cada año para que pueda exhibir con mayor presencia sus trabajos no solo en la literatura, el ensayo, la novela o la poesía, sino también en otras artes tales como el cine, el teatro o la música.

Argentina es uno de los países más importantes del mundo desde el punto de vista literario y su capital, Buenos Aires, es una ciudad culta en la que es frecuente ver a los viandantes leyendo en los cafés en los parques.

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El libro forma parte importante del paisaje bonaerense, que cuenta con espectaculares librerías como la Ateneo Grand Splendid, aunque quizá este fervor por los #Libros no llegue del mismo modo al resto del país. Nombres como Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, o Julio Cortazar son ya luminarias imprescindibles en el universo de la creación literaria. Pero a ellos se le añaden otros como el desaparecido Juan Gelman, al que se homenajea este año, o Ricardo Piglia y César Aira, que lleva ya una enorme obra de casi 40 novelas y cuentos.

Otros de los nuevos nombres que suena entre los nuevos autores son Julián López, con su primera novela "Una muchacha muy bella", Samanta Schwebling o Félix Bruzzone. Un nombre fundamental de este año, y fenómeno en su primera novela fue Selva Almada, que con "El viento que arrasa" ha sido traducida ya a varios idiomas europeos y lleva en Argentina su sexta edición.

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Fundamental también Marcelo Cohen, semidesconocido aún pero al que muchos grandes apuntan como el mejor de su generación.

Sin embargo, el panorama que el propio Piglia dibujo es poco más que desolador: editoriales que cierran y que cada vez son más renuentes a publicar los trabajos de autores jóvenes. Escritores prestigiosos que deben sobrevivir con lo que van sacando de colaboraciones en prensa y talleres literarios. Quizá la FIL pueda servir para dar un nuevo impulso a la industria editorial argentina.