Los amores de Iván

El terrible zar, creador del estado ruso, gran conquistador de Siberia, aquel que concentró como nadie el poder político en la capital del imperio, el reformador de las leyes, ese a quién todos tanto temían, fue cubierto por el envolvente manto del desamor hasta el último día de su vida.

Coronado con sólo tres años de edad, su madre fue envenenada mientras que él vivía encerrado en un palacio llevando una vida pobre y gris, privado de todo lo que legítimamente le correspondía. Aparentemente esto transformó el carácter del niño alterando sus nervios y su forma de ser.

Al alcanzar la mayoría de edad, logró dejar atrás todos estos pesares, se emplazó como soberano y en 1547 se enamoró de Anastasia Románovna casándose con ella, logrando conformar un buen matrimonio, hasta su muerte en 1560, segundo hecho que terminó modificando su personalidad, convirtiéndolo en un déspota, autoritario y psicópata.

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El zar tenía serias sospechas que la reina había sido envenenada, lo que luego se comprobó al realizar las investigaciones correspondientes.

En 1571 contrajo enlace con María, cuando en todo el imperio se creía que las cosas empezarían a cambiar para el soberano, dos semanas después de la boda ella apareció muerta, ¿envenenada?

Apenas un año después había decidido volver a casarse con Ana Ivánovna, pero ciertos rumores comenzaron a correr respecto de su persona, motivo por el que decidió que ella estaría mejor viviendo encerrada en un convento, lo que ocurrió días después.

En 1575 se casó con Ana Grigórievna, quien al igual que su antecesora terminó recluida en un convento. Cuatro años más tarde decidió casarse con Basilea Meléntieva. Los primeros tiempos de la pareja transcurrieron por el relativo camino de la tranquilidad.

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Hasta que cierta tarde Iván escuchó comentarios que alertaron su imaginación. A la tarde siguiente decidió seguir a la zarina para confirmar sus sospechas. Su amante fue ejecutado y ella enviada a un convento.

Cuando todos pensaban que el amor había desaparecido para siempre de su vida, conoce a Ivana María a quién le propone matrimonio, pero al consumar la unión, comprobó que ella no era virgen. Enfureció como pocas veces en su vida. Luego guardó silencio durante toda la noche, amaneciendo muy tranquilo, decían que hasta feliz. Unas horas más tarde se le comunicó oficialmente que la habían encontrado ahogada. Iván sin moverse ni pronunciar palabra alguna al respecto, preguntó a su asistente personal: ¿"Cuál es mi agenda del día de hoy"?

En 1581 reincidió casándose con María Fiódorovna, quién en 1584, tras el fallecimiento del zar, es condenada al exilio y encerrada en un monasterio.

La amante de Juan Domingo Perón

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