El festival Monsters of Rock retornó al país luego de su última edición, realizada en el año 2005 en el Estadio Ferrocarril Oeste. Esta nueva versión renovada y a su vez, manteniendo el espíritu vivo del metal clásico, fué llevado a cabo en el predio Ciudad del Rock (Ex Parque de la Ciudad) y atrajo a más de 40 mil fans, en su mayoría vestidos con camisetas negras, chaquetas de cuero y tachas por doquier, como el estilo musical indudablemente lo requiere.

Con una grilla de primera línea, por el lado internacional contó con artistas consagrados como Ozzy Osbourne, Judas Priest y Motorhead (banda que a último momento corrió riesgo de cancelar su show luego de una intoxicación previa a su presentación en Brasil de su líder, Lemmy Kilmister), y por el lado nacional contó con bandas como Malón, Carajo, Plan 4 y El Buen Salvaje, agregando un espacio llamado "Little Monsters" para los más pequeños, con los ya conocidos Heavysaurios como atracción principal.

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Un dato no menor: los menores de 12 años ingresaban sin cargo al festival.

El festival contó además con varias atracciones como un encuentro de motos customizadas denominado "Custom Rock & Wheels" donde se exhibieron trabajos artesanales realizados sobre motos de diseño, algunas incluso ganadoras de grandes premios en distintos encuentros del género en Sudamérica, un toro mecánico, metegoles y talleres varios de graffitis y maquillaje temático.

Cabe destacar la correcta organización del festival, con fácil acceso al predio a pie o auto, locales de gastronomía repartidos cerca de los escenarios, y puntualidad inglesa con los shows que arrancaron sobre la hora pautada (el de Ozzy incluso, arrancó 10 minutos antes).

La jornada comenzó temprano (a las 14hs) con talentos locales como El Buen Salvaje y Plan 4, bandas que han sabido ganarse su lugar teloneando shows internacionales y los encuentra tocando en su primer festival masivo.

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Seguido de shows de Carajo y Malón, quienes nos tiene acostumbrados a dar shows de gran volúmen y energía, frente a un público que, pese al horario tempranero, comenzaba a llenar los sectores del campo común y campo vip. Si hay algo que tiene el público del metal y es obligatorio rescatar, es el respeto por las bandas soporte, no así como ocurre en festivales donde los géneros musicales se mezclan entre los escenarios y el público presente suele quedar en una situación incómoda frente a artistas que desconocen.

Cuando el sol recién comenzaba a caer, el primer plato fuerte internacional, Motorhead, subió al escenario de la mano del gran y único Lemmy, ovacionado por todos los presentes antes, durante y después del show. Con un set crudo y demoledor, recorrió parte de su larga carrera con temas de sus discos clásicos como Ace Of Spades y Overkill, y hasta hubo lugar para temas de su último álbum de estudio, Aftershock, lanzado en el año 2013.

Como único representante de la última edición local del festival diez años atrás, Judas Priest demostró que la edad no es excusa para poder lucirse arriba del escenario.

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Rob Halford, con su característica pelada y lentes de sol, nos recordó con qué facilidad puede llegar a esos tonos bien agudos, indistinguibles de la versión grabada de la del vivo, ahí a tan sólo unos metros del público argentino presente.

Y el plato principal de la joranda llegó de la mano de Ozzy, quien con sus 66 años ya pasó por todas, incluso con un reality propio en MTV del cual algunos prefieren olvidar y quedarse con la mejor versión que conocemos de él: arriba del escenario, brazos en alto y esa mirada delineada que puede penetrar hasta el público más rudo de la Tierra. Su set se caracterizó por mezclar temas de su carrera solista ("Crazy Train"), como clásicos de Black Sabbath ("War Pigs", "Paranoid"). Apenas arrancado el show, un fanático empedernido logró vencer a la seguridad del festival y llegó al escenario para abalanzarse sobre Ozzy. Esta confusión duró tan sólo unos segundos y fué devuelta con su ya clásica "manguereada" de espuma sobre los presentes en el vallado, y especialmente los fotógrafos acreditados para cubrir el show.



El festival dejó como conclusión un saldo positivo en cuanto a lo musical y organización de mismo, al punto que la producción ya prometió para el año que viene una nueva edición. Si algo quedó en claro, es que desde aquí le deseamos larga vida al metal, y larga vida al Monsters of Rock. #Música #Cultura Buenos Aires #Recitales