Continuemos con la historia:

Un mundo lleno de magia: Los hechiceros, –elfos y humanos– los únicos capaces de utilizarla, pertenecen a dos gobiernos: el Cónclave –que responde al imperio conquistador–, y el Consejo –los pro realistas–, ambos están en pugna, disputa de la cual nace la Asamblea de las doce hechiceras, donde se alega que las mujeres tienen dominio sobre las artes mágicas, puesto que cada vez nacen menos niños con dichas aptitudes. Los brujos, por su parte, son capaces de realizar Señales –magia muy básica y rudimentaria–. Los brujos, profesión despreciada por muchos, utilizan sus habilidades de espadachines y su mutación genética para luchar contra los monstruos a cambio de dinero. Sólo quedan cinco de ellos y no se están entrenando nuevos reclutas. En esta situación, el protagonista errará de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios y buscando siempre el mal menor, sin controlar lo que ocurre a su alrededor. Defiende siempre al débil y al marginado de los verdaderos monstruos: los humanos.

En sus viajes estará ligado a Ciri –su protegida–, la hija de la princesa de Cintra y a Yennefer, la celosa amante –y abusadora del elixir de juventud–, quien le enseñará a Ciri los primeros hechizos. Triss Merigold, otra hechicera que lo ama, pese a saber que el corazón del brujo pertenece a Yennefer, y con quien forja una gran amistad, al igual que Jaskier, –un juglar mujeriego de gran fama que refleja en sus poemas muchas de las hazañas del brujo– y Zoltan Chivay –un enano irónico, valiente y con fuerte sentido de la realidad que lo rodea, se unirá a Geralt en una de sus muchas aventuras –el camino a Brokilon–. De Zoltan es de quien obtiene su espada, Sihil. Entre muchos otros personajes, está el principal antagonista: Vilgefortz de Roggeveen, un mago talentoso de grandes ambiciones. Pese a su apariencia calma y razonable, luego revela que cada cosa, por más vil, está justificada para llevar a cabo sus oscuros planes.

Secuestros, rescates, prejuicios, secretos, charlas filosóficas, alcohol, romance, batallas, persecuciones, aliados, hechizos mágicos, asesinatos, discriminación, torturas, son los componentes perfectos de una novela original y madura. Pero la ironía, la irreverencia y el cinismo son las cualidades de un protagonista único; héroe atípico que se encuentra siempre en la encrucijada de los caminos, cuyas decisiones llevarán a Geralt hasta el confín del mundo en donde deberá pedir su último deseo.

The Witcher, no sólo es récord de ventas en su tercera entrega The Wild Hunt, sino que ha marcado tendencia: Los jugadores quieren títulos maduros, con mundos abiertos, historia profunda y compleja en la que la toma de decisiones cobra un papel fundamental y los personajes son los más humanos de todos: se pelean, emborrachan, tienen relaciones íntimas, maldicen, se atormentan por sus demonios internos, discriminan, hieren a otros... En fin, un juego sin filtros, destinado a los adultos, quienes, a fin de cuentas, son los que más invierten en la industria; –que los niños jueguen Minecraft…–

¿Empezará, por fin, la época de grandes juegos basados en novelas? Yo pongo mis votos para que algún iluminado realice la saga de El elfo oscuro, de R. A. Salvatore, o el universo de Malaz, de Steven Erikson… ¿Alguien se prende?

Aquí la Parte 1 #Videojuegos #Libros