Buenos Aires se constituyó, en poco más de treinta años, en una ciudad cosmopolita. Los cables de alumbrado eléctrico, el tranvía, las experiencias de luz y velocidad van modulando un nuevo elenco de imágenes y percepciones. ya no era la ciudad homogénea de la niñez o la adolescencia, y escritores como Roberto Arlt, Raúl González Tuñón o el mismo Oliverio Girondo retrataban estos nuevos escenarios. 

Los diarios y revistas de la época se pliegan a esta nueva tendencia y comienzan a modificarse en pos de acaparar a un público cada vez mayor, que abarque las capas medias y los sectores populares. Claridad, Los Pensadores, El Mundo se dan a la tarea de publicar de todo, con el fin de ir armando la biblioteca del pobre.

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La cultura tiende a la democratización. 

Las revistas como Martín Fierro Claridad proponen innovaciones estéticas y participan de polémicas y enfrentamientos entre intelectuales recién llegados, de origen inmigratorio, e intelectuales de origen tradicional. La cuestión de la lengua, del criollismo, del cosmopolitismo, de las traducciones, de la política son algunas de las cuestiones presentes en el debate. 

Son cambios sociales, económicos y topográficos que el intelectual debe codificar. de esta manera, un escritor como Roberto Arlt crea la figura del paseante, del flâneur, individuo anónimo que se sumerge en la ciudad, que la vive, la observa, la huele, que la atraviesa de manera dolorosa. Su personaje de El juguete rabioso (1926), Silvio Astier, recorre las calles de Buenos Aires habitadas por comerciantes pobres, o avaros, calles corruptas de ambiciones frustradas, de inmigrantes que contaminan el aire con sus lenguajes diferentes; las luces, los ferrocarriles, los tranvías y edificios altos van modelando ese paisaje donde Astier aspira a dar el batacanazo de inventor que lo saque de la vida puerca en la que está inmerso: Nos repatingábamos en los almohadones mullidos, encendíamos un cigarrillo, dejando atrás las gentes apuradas bajo la lluvia, nos imaginábamos que vivíamos en París, o en la brumosa Londres. Soñábamos en silencio...

Astier reniega constantemente de su origen humilde y mira con rencor a su entorno pobre; persigue, en su deambular constante, su obsesión por el poder y cómo conseguirlo, qué relaciones establecer para llegar a lograr sus propósitos.

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Este personaje (y Erdosain de Los siete locos) tiene una correspondencia con el mismo Arlt: la contradicción que existe entre su práctica literaria y una formación cultural precaria. La vida puerca es la otra cara del crecimiento urbano: de esta clase de vida se huye por la vía del crimen, el batacanazo del inventor o por la fantasía: Un dandy a quien rocé con la cesta me lanzó una mirada furiosa; un rubicundo portero uniformado desde temprano con magnífica librea (...) observóme irónico (...) la canasta de un rojo rábano, impúdicamente grande, me colmaba de ridículo. ¡Oh!, ironía, ¡y yo era el que había soñado en ser un bandido grande como Rocambole y un poeta genial como Baudelaire..."  #Argentina #Libros #Cultura Buenos Aires