- ¿Escritor se nace o se hace?

Ambas cosas. Me parece que nunca uno debe descansar en el talento innato, que eso no alcanza para definir la vocación propia, sino que además es necesario trabajar, perfeccionarse y pulir los dones. Los que nacen provistos de un excepcional talento son la minoría. Para el resto de los mortales, nos queda el trabajo. Ahora bien, es cierto que hay personas que por más que se esfuercen no podrán escribir nunca algo decente. Aquí entra la parte de lo innato: hay que nacer con un cierto amor por las palabras, con una imaginación tendiente al desvarío creativo, con las ganas de preguntarse por otros mundos que no existen… Y con muchas ganas de leer.

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Leer de forma adictiva. De otra manera es imposible escribir.

- Decía Becquer (algunos dicen que fue Picasso): "Cuando la inspiración llegue, me encontrará trabajando". ¿Estás de acuerdo con eso?

Por lo menos para mí, no funciona de ese modo. Por un lado, la inspiración viene más fácilmente cuando uno está durmiendo, descansando, en vacaciones… En general, las personas se inspiran más cuando menos esfuerzos están haciendo. Por el otro, la clave está en propiciar esos momentos en los que nos inspiramos, en provocarlos, para después ponernos a trabajar. Pero trabajar sin el impulso inicial de la chispa creativa no tiene mucho sentido. Prefiero tener 100 ideas por día aunque pueda trabajar en una sola de ellas, que estar haciendo 100 cosas distintas y apenas conseguir una idea arañando, ahogado por las tareas.

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Aparte, de esta idea surge algo que considero nocivo: que la inspiración “llega” y “te encuentra”. Yo creo que hay que buscarla, que uno puede entrenarse en tener ideas todo el tiempo, que no hay que esperar a la Musa, que es una mina esquiva y mezquina. No es difícil tener ideas. El ilustrador Roger Dean dice que la cuestión no es que haya que hacer algo para tenerlas, sino que hay que dejar de hacer aquello que impide que las ideas fluyan. Si fluye la inspiración, no hay que esperar que me encuentre, y puedo organizar mi trabajo. Creo más en el creador activo en la búsqueda de ideas, y poco en la imagen romántica del artista pasivo, que espera eternamente… Si nuestro ente Picacquer se refería por “trabajo” al trabajo de buscar ideas –que no es tanto un trabajo como un juego–, entonces le doy la derecha. Pero si se refería a trabajar sin ton ni son, esperando el toque de una varita mágica, no.

- ¿Qué querés decirle a alguien que quiere ser escritor, tiene un mensaje para dar, pero no sabe qué hacer?

Que lea mucho, de todo, y sobre todo, aquello que quiere escribir.

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Que haga talleres literarios. Hoy hay muchas herramientas: talleres virtuales gratuitos, tutoriales en You Tube… Y que se anime a mostrar lo que escribe, aunque corra el riesgo de que destrocen su creación. No hay otra forma de aprender a escribir bien. Porque el tema no es escribir, algo que puede hacer la mayoría de la gente. El tema es escribir bien, para no ser olvidado, para dejarle algo a la gente, para que la obra trascienda.

- ¿Hay algún escritor al que admires por algo de su vida más allá de su calidad literaria?

Richard McKenna es un escritor norteamericano que nació en un pueblo rural en el que apenas había conseguido la educación básica. Debido a los graves problemas económicos suscitados durante la Gran Depresión, decidió unirse a la Marina, y terminó sirviendo en la Segunda Guerra Mundial. Cuenta la historia que en los largos meses en alta mar descubrió su amor por los #Libros. Una vez que se le dio de baja, y gracias a los beneficios que ofrecían las leyes a los veteranos, McKenna pudo completar sus estudios y acceder a la Universidad, donde estudió Escritura Creativa. Se transformó en uno de los escritores más novedosos y trascendentes de la New Wave de la Ciencia Ficción anglosajona. Recuerdo cuando leí su libro de cuentos “Los agonistas de Casey” y me voló la cabeza. Su vida me inspira, porque no hay dificultad alguna que pueda ahogar tu potencial. Salvo que vos lo permitas. #Entrevista #Cultura Buenos Aires