Como habíamos mencionado en el informe anterior, Momotaro ha sido protagonista de muchas de las primeras animaciones niponas, sobre todo en las realizadas como propaganda militar. Con la aprobación de la Ley de Cine en 1939, el gobierno japonés empezó a tener un papel más activo en el la aprobación del contenido de las películas que serían proyectadas en Japón. La #Animación se convirtió en una herramienta adecuada para despertar el espíritu nacionalista en los espectadores jóvenes.

En 1942 llega el que ha sido considerado como el primer largometraje animado en Japón, y casualmente su protagonista es también el mítico héroe japonés: Momotaro, Águila del mar (Momotaro no Umiwashi). El film de 38 minutos de duración y dirigido por Mitsuyo Seo, se estrenó un año después del ataque a Pearl Harbour.

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Momotaro dirige a sus tropas, que siguen siendo animales, en los bombarderos contra los americanos.

Sin embargo, la explotación de Momotaro como héroe nacional alcanzará el clímax con el largometraje de 74 minutos: Las divinas tropas del océano de Momotaro (Momotaro Umi no Shinpei), en 1945. En esta obra cumbre de la propaganda militar, Momotaro y sus compañeros expulsan a las fuerzas británicas del sur de Asia. 

La derrota de Japón en manos de los aliados en 1945 y la ocupación de Estados Unidos, produjo numerosos cambios en el día a día de de los japoneses. Estos se vieron reflejados tanto en cine, como en la animación y en el manga. 

El lapiz mágico (Maho no pen), de Masao Kumagawa, de 1946, representa una alegoría en alusión a las posibilidades de regeneración del Oeste. Un huérfano de guerra encuentra una muñeca rota y la lleva a su casa para repararla.

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La muñeca cobra vida y coquetea con el muchacho, hablando en inglés. Además la muñeca tiene un lápiz mágico, con el que todo lo que dibuja se vuelve realidad. En poco tiempo la pareja transforma su entorno adaptándolo al modelo de vida occidental, más concretamente al sueño americano.

A partir de las prohibiciones impuestas por la Ley de cine, la animación japonesa tomó dos direcciones. La primera, fue la vuelta a los cuentos tradicionales con moraleja protagonizados por animales, con un estilo bastante similar al de Disney. La segunda, fue la adaptación de los cuentos populares de otros países. Ejemplo de esta es La princesa de Bagdad (Bagudaddo-hime), de 1948. Este film se considera precursor de las obras de animación mucho más ambiciosas que llegarían una década más tarde. 

En la siguiente entrega retomaremos la historia del manga, abordando los primeros mangas de la posguerra. ¡No se lo pierdan!