Pasadas dos semanas de haber llegado a Londres, tuve la fortuna de conocer a un grupo de españolas con las que he entablado una buena amistad. Jóvenes inteligentes, trabajadoras y de buen corazón que, aunque hablan mi mismo idioma con algo de variedad, han crecido en medio de grandes diferencias espaciales y culturales comparándolo con mi ciudad, mi nación, mi continente. Entonces pensé: "son totalmente distintas a mí", pero con el tiempo me di cuenta que estaba muy equivocada pues nos parecemos más de la cuenta. Mujeres con las que sin pensarlo, comparto casi los mismos problemas de amor, de familia, de vida laboral, etc; situaciones con las que me identifico plenamente aun cuando hemos vivido en lados opuestos del mundo.

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Recuerdo muy bien la noche en la que nos conocimos: pizza para la mesa en uno de los restaurantes del noreste de la ciudad, y a mi tardía llegada supe que el tema de conversación de la velada era: hemos subido demasiado de peso, a pesar de que en la mesa éramos cinco y juntas no llegábamos ni a los 200 kilos. Una de ellas entonces dijo: ¿se dan cuenta del "canon imposible" que nos dicen debemos alcanzar, cuando todas somos bellas desde nuestras diferencias? El mundo actual nos invita a pertenecer, y cuando hablo de ello me refiero a sentirnos parte de la sociedad en la que nos movemos, a través de quienes somos y cómo nos vemos; claro esta que no para nosotros mismos sino para aquellos que nos rodean. Entonces, como mujeres, ¿cuál es la manera de pertenecer a una sociedad en la que "debemos" corresponder a un estándar reducido de belleza? ¿cómo tener el peso ideal en España, en Colombia, en el mundo?

Londres es un punto de convergencia cultural en el que, por supuesto, se incluyen las religiones, por ejemplo, los muchos seguidores de la religión musulmana que se hacen evidentes por doquier y para ellos, el concepto de mujer esta completamente ligado a la definición en las escrituras del Corán, su libro sagrado.

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Los musulmanes son fervientes devotos de sus creencias, y tanto hombres como mujeres creen ciegamente en el rol que la mujer debe representar en su sociedad, todo muy bien descrito por Mahoma en el mandato de "Alá". Ellas, llevan una Burka (velo y túnica del Islam) usualmente negra o de tonos oscuros; las más revolucionarias a veces usan rosa intenso o algún otro tono colorido. De su rostro solo se ven los ojos a través del velo aunque algunas se lo descubren por completo, y sus manos que emergen de entre la confusión de telas. Ninguna pareciera sonreír.

Después de la conversación de aquella noche con mis amigas, conversación que se ha sostenido en repetidas ocasiones y de las que yo también he sido parte, pienso: ¿será que las mujeres musulmanas alguna vez en no estar "muy gordas"? Creo, que aunque para los antiguos griegos la idea de un cuerpo esbelto era sinónimo de salud y bonanza, en la actualidad esa idea se ve mucho más ligada al campo sexual y no digo que para los griegos tampoco fuera así.

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La mujer lo ha sido en cada una de sus partes, llevándola a querer tener un cuerpo perfecto para llamar la atención del género masculino y garantizar su disfrute al momento del encuentro íntimo, una idea que también ha sido impuesta por el mundo mediático porque sí, nuestra sexualidad también ha sido construida por otros. Es entonces cuando me pregunto, ¿para ellas seguirá siendo tan importante tener una figura lo suficientemente atractiva, aun cuando el Corán dicta que los hombres pueden disponer de su cuerpo como y cuando ellos lo desean , y principalmente, para procrear?

En definitiva, aunque nuestras percepciones occidentalizadas sean tan opuestas a las del Oriente Medio, en ambas el género opuesto, y aun las mismas mujeres, esperan "algo" específicamente de lo que se concibe como una mujer, ya sea cómo se vea o cómo se comporta, nosotras tenemos "el deber". Así mismo sucede con muchas otras culturas. Aunque para mis amigas, y para mí, es importante el cómo nos vemos y esta estrictamente ligado al cómo nos sentimos, es esperanzador saber que tenemos la conciencia suficiente como para reconocerlo y no padecer de más. Gracias a ellas pude ver cómo todas las mujeres, en mi ciudad, en mi país y en el mundo, sobrellevamos dilemas que nos afectan en general y en los cuales debemos seguir trabajando. La verdadera belleza comienza en el amor propio.