En la película ´´El secreto de sus ojos´´, el personaje de Guillermo Francella, Pablo Sandoval, retrata a la perfección que es una pasión: ´´el tipo puede cambiar de todo: de cara, casa, de familia, de novia, de religión de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, NO PUEDE CAMBIAR DE PASIÓN´´; por eso nuestro amor por River cruzó la cordillera. Esta es la crónica de lo que significa vivir un supercásico lejos de casa, pero con la misma pasión de siempre.

´´Señores yo soy del gallinero, a River lo sigo a donde va´´

¿Agarraste Las banderas, los bombos y la camiseta? Pregunta uno de los pibes. ´´Si, tenemos todo´´, se escucha de fondo. Así comienza la previa del superclásico en #Chile. Caravana hasta el club, bocinazos y cantos. Poco antes de las 18 horas, empiezan a llegar los hinchas, hombres, mujeres y familias enteras, dispuestos a pasar una tarde entre amigos. Porque así es, aunque uno esté lejos de casa busco con quien compartir las pasiones.

´´Los trapos´´ ya están colgados, los nenes pelotean un ratito y de a poco cada uno se acomoda en su lugar. Unos minutos después los equipos salen a la cancha y en Santiago los bombos comienzan a sonar. Fernet, cerveza, papitas, algunas bromas y a alentar. El juego se desarrolla con tranquilidad, alguna que otra jugada que te hace agarrar la cabeza, palo por aquí, otro por allá y primer tiempo se termina, el marcador se encuentra en cero y el partido puede ser para cualquiera.

En el entretiempo se arma un picadito, grandes y niños participan mientras algunos analizan las jugadas, otros llegan. ´´Partido cerrado´´, dice uno, mientras otros creen que se están cuidando, es el primero de los tres superclásicos y hay que ir con cuidado. Entre cigarrillo y cigarrillo, termina el entre tiempo y estamos listos para seguir alentando. Se pone en marcha el segundo tiempo y las expectativas son altas.

Pareciera que van a terminar empatados, a veces el partido se abre un poco y surgen jugadas peligrosas para unos y otros, pero nadie anota y así transcurría el segundo tiempo. Los entrenadores comenzaron a mover el banco de suplentes: en Boca, Gago Pérez Pavón, ingresaron por Chávez, Meli y Carrizo. En River, Cavenaghi y Martínez entraron por Teófilo Gutiérrez  y Driussi. 

Faltaban solo seis minutos para el final cuando una mala entrega de Cavenaghi derivó en los pies del Osvaldo, centro a Pavón, y gol. Nada pude hacer Barovero, quien quedó vulnerable ante la jugada. Minutos después, Pablo Perez anota el segundo y sentencia el resultado.

El primero de los tres superclásicos fue para Boca Junior, pero este jueves está la revancha, esta vez por Copa Libertadores. Mientras tanto los pibes organizan la próxima ´´juntada´´.

#River Plate #Superclásico