Y llegó el día…#NiUnaMenos…una vez más reclamando lo que por derecho pertenece, lo que los representantes se comprometieron a cumplir, no una sino mil veces y todas coincidentes con campañas electorales.

Y fuimos todas…pero también fueron todos. Y fue maravilloso. Chicos, grandes, ancianos, víctimas, hombres, mujeres…todos. Todos, hasta los políticos responsables que se cumpla la ley pero no brindan los recursos como para que haya suficientes botones antipánico o casas de albergue, los que vociferan violencia hasta desde los gestos. Todos se colgaron un cartelito o un tweet. Todos.

Pero también estuvo el afecto, la comprensión, el abrazo, el compromiso, el entendimiento, la amistad y el amor. Por las que ya no están y por los que quedan.

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Y hubo un reclamo puntual que todos los operadores de esta temática venimos haciendo, pero esta vez no era un caso, eran muchas voces, las que se escucharon y las que no, pero estaban allí, las 1801, estaban, se sentían.

Y no se reclamó sólo su ausencia, el dolor desgarrador de no tenerlas, la justicia que lenta y torpemente a veces ignora y adolece, los niños sin madre, no. Se reclamó también que no exista más abuso en la calle, en el colectivo, en un lugar de diversión, en la intimidad, en público, en la televisión, en el trabajo, en las familias, en las empresas, en la escuela, en el gobierno, en las oficinas públicas, en el ejército, en los hospitales, en las fuerzas de seguridad, en ningún lado.

Probablemente no sea suficiente, enviarán alguna partida de divisas para dos o tres comisarías de la mujer por Partido y algún que otro servicio local o servicios policiales depende la jurisdicción.

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Los jueces luego de dictar la medida de restricción alguna que otra vez recordarán un caso puntual y enviarán al equipo técnico a ver qué pasa en esa familia, no vaya a ser cosa que pase lo de Piombo y Sal Llargués. Pero luego la vorágine de los diez mil expedientes por juzgado, la desidia y la falta de recursos harán lo suyo. Los políticos se seguirán ocupando de la campaña aunque entre discurso y discurso combinarán un poco de Violencia de Género porque es políticamente correcto y quizás emparchen un poco la ley con algún golpe de efecto que nos haga creer que escucharon.

Y como también es políticamente correcto algunos mezclarán la violencia en general, el olvido hacia los hombres maltratados, los ancianos, los perros, que existen y son tan repudiables como la de género, pero tienen otra calificación legal y otra impronta…en fin, todo lo que sea útil.

Pero es más que todo esto, porque cuando todo eso pase, las mujeres seguirán muriendo. Porque es la sociedad la que necesita “curarse” de la violencia, de la corrupción, de la complacencia o resignación ante el delito, ese chiquito que vemos cada segundo o el pronto olvido ante los grandes, tan grandes que en lo inmediato lo devoramos y luego lo descartamos cual memoria selectiva que necesita mantener la cordura.

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En una de sus obras más maravillosas, “El Malestar de la Cultura”, Sigmund Freud se planteaba si una sociedad estuviese enferma de alguna de las neurosis que él acostumbraba a tratar, no sería factible someterla a terapia para curar esa patología colectiva. Quizás. Pero sería aconsejable que comencemos pronto, porque hay muchas vidas en juego. #Argentina #Violencia de género