Mucho se ha escrito y debe seguir escribiéndose sobre las mujeres y niños víctimas de violencia machista. Tema que debe abordarse no recién cuando se llega a la violación y el asesinato, sino mucho antes. En este artículo quiero empezar a tratar cómo afecta el machismo a los mismos hombres.

Emocionalmente

El macho solo tiene permitido ser expresivo con su bronca, con la satisfacción por la victoria (sobre otro macho o sobre una hembra), con el orgullo respecto a aquello que realza su status. No puede expresar debilidad. La tristeza debe pasar rápido porque no podemos bajar mucho tiempo la guardia. Todo el tiempo debe usar una armadura de invulnerabilidad y autosuficiencia.

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Luego nos preguntamos por la cantidad de stress y depresión...

El macho condena a sus hijos varones a una orfandad emocional y a sus hijas mujeres a dobles estándares muy dañinos. Los hijos varones del macho crecen con un padre que puede estar físicamente presente pero emocionalmente ausente, con quien no pueden hablar de otra cosa que no sea el trabajo, el estudio, deportes, a veces de política, mujeres (en un sentido objetivador o como aquel enemigo sin el cual no se puede vivir). El padre macho todo el tiempo va a estar midiendo la dosis de cariño y contención que le destina a su hijo varón porque tiene el mandato de "hacerlo hombre". En cuanto a sus hijas mujeres, las trata como princesitas a quienes tiene que custodiar de otros machos como él y jamás asumirá que su hija se convertirá en una mujer con deseos sexuales propios, y tendrá el miedo de que su hija sea "una de esas pu+as" a las que él al mismo tiempo desea y estigmatiza.

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El macho solo puede ser amigo de otros hombres a quienes no perciba como amenaza para su propia autoimagen masculina, y tiene que andar cuidándose de expresar su amor por sus amigos de manera tal que nadie pueda decirles "pu+os". El macho se niega la posibilidad de tener amigas mujeres, especialmente si entran en el rango de lo que él considera deseable, porque él tiene el mandato de ser una máquina penetradora e inseminadora. De esta manera se pierde de conocer a la mitad de la humanidad como seres humanos totales y solo la conoce en sus roles de madre, pareja, "pu+a". No se da cuenta que con aquellas mujeres con quienes tiene afinidades puede gozar de la misma camaradería que con los varones.

En sus propios cuerpos

La violencia como primer método para resolver conflictos (ya que no nos enseñan a autogestionar nuestras emociones); el descuido a la propia salud porque cuidarse "es de maricones" (se lo cuida al auto más que al propio cuerpo); la priorización egoísta de nuestra propia comodidad y velocidad al costo de poner en riesgo nuestras vidas y vidas ajenas; el desprecio a normas de seguridad por la creencia de que somos Superman, que podemos, que no es para tanto.

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Gracias a la cultura machista, los hombres aportamos la mayoría de los asesinos pero también la mayoría de los asesinados. Lideramos las estadísticas de muerte por suicidio (cuando se pierde la guerra de "ser hombre"), adicciones, siniestros viales, enfermedades de estilo de vida y accidentes evitables.

El machismo mata... sobre todo a hombres.

Conclusión

Si el machismo defiende al género masculino, ¡cómo sería si lo atacara! La paranoia anti-feminista solo puede justificarse con la más absoluta ceguera del daño que el machismo nos está haciendo a los propios hombres. Luchar contra el machismo no es solo cuestión de proteger a mujeres y niños. #Educación #Derechos Humanos #Ni Una Menos