La animación japonesa es un entretenimiento que provoca  a fanatismo a millones, pero así como crece su industria cada día dentro y fuera de Japón, también es un motivo de estigma social para muchos sus consumidores.

El anime es un entretenimiento de consumo masivo, así como las películas y series americanas. La diferencia es que la este tipo de #Animación es casi exclusivamente un producto japonés, ya que pocos proyectos  del mismo estilo tienen éxito fuera del "País del sol naciente". Sin embargo, el anime no es un género de entretenimiento socialmente bien visto. La sociedad que prejuzga inmediatamente por las formas y estilos que desconoce, asocia el anime con un producto solo para niños, pese a que la mayoría de los proyectos de animación japonesa se piensan destinados para un público mediano adulto.

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Tanto dentro  como fuera de Japón, el anime es asociado con la inmadurez y también con aficiones geeks o extrañas;  los consumidores de anime son llamados “otakus”, palabra japonesa usada a forma de insulto para referirse a una persona repulsiva con extrañas aficiones relacionadas. En Latinoamérica, y en el resto del mundo, Otaku  carece de esa connotación japonesa. De igual forma, los fanáticos del anime son estigmatizados como personas extrañas, antisociales, poco maduras y son mayormente rechazados por la sociedad.

Aunque el disfrutar del anime como un entretenimiento no es algo de que avergonzarse, una encuesta de un sitio nipon revela que 3 de cada 5 fanáticos ocultan este pasatiempo de su círculo social habitual. Este comportamiento también aplica al resto de los fans del anime/manga del mundo, por el rechazo social general que provoca el ser catalogado como “otaku”.

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No todo es simple rechazo social; el comportamiento errático de ciertos guetos o grupos de fanáticos de anime que se enorgullecen de ostentar el nombre de Otakus, provocan y avivan el rechazo social hacia ellos.

Ciertos grupos de otakus  disfrutan de llevar una apariencia llamativa o demostrar un comportamiento público que provoca el rechazo de la mayoría de la sociedad. El problema está en que ciertas personas caen en un fanatismo demasiado obsesivo con el anime y pierden noción de lo políticamente correcto. Muchas veces estas personas también tienen ciertos problemas psicológicos o mentales, o sufren de vivir en ciertos entornos, que los llevan a comportarse de esa manera. Un ejemplo son los llamados “hikikomoris” (persona antisocial aislada del mundo que se encierra en su casa) y “neets” (personas que no trabajan ni estudian solo se dedican al ocio), dos grandes términos japoneses muy asociados con los otakus.

En realidad este tipo de personas que provocan el rechazo para toda la comunidad de fanáticos del anime son una minoría y también provocan conflictos dentro de la misma comunidad de fanáticos. El anime es un sano entrenamiento siempre que se consuma con moderación al igual que cualquier otro divertimento.

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Dentro de la comunidad de fanáticos existen todo tipo de personas como los Cosplayers (quienes tienen el hobby de disfrazarse como personajes de populares franquicias de anime).

Este no es un fenómeno propio de los otakus ni de Argentina, sino algo global. Tanto la sociedad como también los denominados otakus, deben concretar un pacto social para un mayor entendimiento. #Discriminación