El porcentaje de mujeres norteamericanas que usan anticonceptivos de larga duración, dispositivos implantados en el útero o bajo la piel, se ha duplicado en los años recientes, de acuerdo con un nuevo informe publicado esta semana por el Centro Nacional de Estadisticas de #Salud.

La investigación descubrió que el 7,2 % de las mujeres entre 15 y 44 años utilizan anticonceptivos reversibles de larga duración (LARC, por sus siglas en inglés), tales como dispositivos intrauterinos (DIUs). Entre el 2006 hasta el 2010, sólo un 3,8 % usaba dichos métodos anticonceptivos, de acuerdo con Kimberly Daniels, co-autora del informe e investigadora del centro de control de enfermedades y prevención del centro nacional de estadísticas sobre salud.

Un 11% de las mujeres que utilizan LARC tienen entre 25 y 34 años, mientras que un 5% son menores o mayores.

El 62% de mujeres norteamericanas entre 15 y 44 años dijeron utilizar algún tipo de anticonceptivo cuando fueron entrevistadas. Él método más común es la píldora (16%), esterilización femenina (15.5 %) y preservativos masculinos (9,4%).

Las mujeres jóvenes son más propensas a utilizar la píldora: cerca del 25% de las mujeres entre 15 y 25 años dijeron utilizar anticonceptivos orales, el 16.9% de mujeres entre 25 a 34 años, y 8,7% de mujeres entre 35 y 44 años. Sin embargo, las píldoras conllevan el riesgo de olvidar de tomarlas, en cuyo caso resultan ineficientes.

El dispositivo intra-uterino funciona de inmediato, y puede durar entre 5 y 10 años, dependiendo del tipo. No obstante, puede provocar periodos más abundantes y, de fallar, puede producirse un embarazo eptópico (en las trompas de falopio).

Cierto sistema intra-uterino conocido como "Mirena", con forma de T, hace que los periodos sean menos abundantes y relativamente libres de dolor. Es posible, incluso, que los periodos se detengan después de un año. La fertilidad regresa tras la remoción del aparato, al cual no le afectan otras medicinas.

Las inyecciones anti-conceptivas duran 12 semanas, pueden reducir los periodos abundantes y hacer el síndrome pre-menstrual menos probable. Asimismo, puede provocar periodos más largos e irregulares. Y puede causar aumento de peso.

Cabe destacar que ninguno de los métodos antemencionados proteje contra las enfermedades de transmición sexual.