Hace unas semanas se conoció la problematica de los alumnos y profesores de la sede de la Universidad de Buenos Aires, ubicada en Ciudad Universitaria, a unas cuadras del estadio de River Plate. Durante los días en el que se disputan los partidos de futbol, los barras bravas "se adueñan" del estacionamiento de la universidad y provocan disturbios y robos. Pero este no es un caso aislado, en diferentes sedes universitarias alumnos y profesores se encuentran sin protección.

En primera persona 

Paula cursa el CBC en una de las sedes de Capital Federal, precisamente en Parque Centenario. Como trabaja durante el día, asiste al turno noche.

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Para ello se compró una bicicleta para hacer de su viaje algo saludable, económico y rápido. Ese día el horario de la cursada era a las 20 horas, Paula llega y deja estacionada su bicicleta entre dos motos, cuando sale de su clase a las 22.15 horas su bicicleta ya no estaba ahí, se la habían robado. En ese momento ve a un hombre sacándole la cadena que sujetaba a una de las motos que se encontraban al lado de su bicicleta, este observa cómo Paula iba tomando conciencia de que efectivamente fue robada, y le confirma de que un hombre se la llevó. Ella lo mira y le agradece, pero este hombre aprovecha el momento de confusión de Paula y le ofrece llevarla de regreso a su casa en su moto, a lo que le agradece pero se niega e intenta irse, pero este insiste y comienza a hacerle propuestas que cada vez se hacían mas intimidatorias.

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La joven se dirige nuevamente hacia la facultad en busca de alguien del personal de seguridad, al que encuentra y le expone lo sucedido con la bicicleta, a lo que el uniformado le responde que ellos siempre le dicen a los chicos que no vengan en bicicleta porque se las roban. Al salir del edificio el hombre seguía esperándola e insistente con conocer su dirección y demás datos, a lo cual la joven comenzó a tratarlo con mucho menos cordialidad. El hombre decide retirarse y Paula cruza de vereda, al llegar a la esquina la detiene otro que también le ofrece llevarla a la casa, le preguntaba cuál era su dirección y le aseguraba que los dos entraban bien en la moto, ella le respondió que no y con mucho miedo logró llegar a su casa casi corriendo. " Al día siguiente fui a hablar con la gente de seguridad nuevamente, ya no por la bicicleta, sino por el resto de la historia. Me dijeron que yo entendí mal, aquel hombre me había querido invitar un café y que malinterpreté todo ¡No puedo creerlo! Insistí en el hecho de que eran dos personas diferentes y que es mucha casualidad, me dijeron que ahí esas cosas no pasan, que lo van a comentar pero sin embargo ellos no pueden hacer nada porque están ahí adentro (en la facultad) y no escuchan ni ven nada." Declaró la joven. Y dedujo "Mi bicicleta era color aguamarina, con ruedas blancas y canasto de mimbre, muy de mina. Sabían a quien robarle y que esa persona se encontraría vulnerable y aturdida. Lo paradójico, es que esa bicicleta no solo la compré porque durante tres meses pase por la bicicletería a verla hasta que tuve dinero para hacerlo, sino porque me aterra caminar sola por el parque de noche y porque la parada del 124 es muy insegura. Teniendo en cuenta las condiciones y la respuesta patética que me brindaron en seguridad estoy considerando seriamente dejar la materia y no volver a anotarme en esa sede, aunque lamentablemente no me siento segura en ningún lado." Sentenció Paula.

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Estos hechos fueron denunciados y aún se espera una respuesta/solución.  #Sociedad Buenos Aires #Violencia de género #Inseguridad