El ejemplo que impartan los adultos juega un papel fundamental en el proceso de educar a los hijos. Estos, por el solo hecho de ser #Niños, pueden no ser igual de conscientes que un adulto sobre si lo que hacen está bien o mal. Y como corresponde saber a cada adulto, es necesario marcar dichos errores para guiar a los hijos y ayudarlos en su crecimiento, hablándoles con suavidad y sin agresiones.

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Claro que dados el disgusto e impotencia ante un acto "indebido" de un niño, a los adultos nos cuesta dominar nuestras emociones, y solemos desbordarnos y subir el tono de la voz en formas verdaderamente aterradoras. Según informa el sitio EducaPeques.com, el utilizar gritos y violencia verbal a la hora de reprender a un hijo, puede serle dañino no sólo durante su niñez, sino también durante su crecimiento y a lo largo de su vida adulta. A continuación, las razones por las cuáles los adultos no deben dirigirse a los niños con gritos:

En vista de que, el sistema nervioso del niño es más frágil que el del adulto, la angustia que generan los gritos de los adultos en los niños repercuten en su organismo debilitando sus defensas, volviéndolos más propensos a enfermarse. 

 No gritar a los niños ayuda a la sana convivencia familiar. Además, hablarles en tono suave y moderado, ayuda a que asimilen mejor el mensaje que los padres intenten transmitirles. Incluso, si el niño está agresivo o exaltado, gritarle sólo hará que sus sentimientos se intensifiquen. Hablarle en forma moderada y suave logrará apaciguarlo. Tampoco es bueno que los adultos suban el tono de su voz con el fin de que sus hijos mejoren su conducta, puesto que, tales gritos les infunden miedo, y actuarán como el adulto desee sólo por esa razón, y no porque crean que es lo correcto.

Los gritos vuelven al niño más agresivo. Cada niño con su conducta es el reflejo del hogar del que proviene. Por tanto, si el niño es constantemente agredido por sus padres o si éstos le gritan constantemente, es probable que transporte toda esa agresividad fuera del hogar a otros ámbitos, ya que comprenderá que, si ve que los padres lo hacen, lo tomará como ejemplo para su vida, además de que también causan daño a su autoestima, llegando a la adultez siendo una persona temerosa e insegura de sí misma, y dificultando su manejo de relaciones interpersonales a futuro.

 Si el adulto grita, demuestra impotencia e incapacidad de llevar el control de la situación. Hablar en forma calmada y moderada demuestra capacidad de sobrellevar la situación en el adulto, y el niño comprenderá eso con el tiempo. De lo contrario, el miedo que los gritos le generaban en un principio irá yéndose, pero a su vez se verá más "valeroso" para ser rebelde y desobediente. Incluso, la ausencia de gritos mejora la relación entre padres e hijos, generando un lazo más estrecho y armonioso entre ambas partes. #Padres hoy #Psicología