El laboratorio argentino "Dr. Ramón Carrillo" de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica y del Instituto Nacional de Alimentos, dispone de cinco áreas nuevas. Las mismas se ocupan, ahora con tecnología de punta, del control de alimentos libres de gluten, la determinación de vitaminas, aditivos, aminoácidos, azúcares y edulcorantes a través de cromatógrafos gasesosos y líquidos de alta performance, del control de residuos de pesticidas en alimentos y absorción atómica para la determinación de sodio, metales y micotoxinas en los productos, incluidos los que están en el programa de "Precios Cuidados".

La modernización del laboratorio, con una inversión en infraestructura y equipamiento de casi 28 millones de pesos, es un centro de referencia nacional y regional (conectado a otros 21 laboratorios) al que se han inscrito todas las jurisdicciones del país, en razón de su acceso inmediato y gratuito a intervención, información y análisis actualizados en materia sanitaria y alimenticia.

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A Macri no le interesa utilizarlo. El único distrito no adherido, aún con la gratuidad disponible, que finalmente significa una herramienta de suma utilidad para cuidar la salud de los ciudadanos, es el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a cargo del ingeniero Mauricio Macri.

Los exámenes superan los estándares exigidos a nivel mundial. El novedoso equipamiento no lo poseen otros países del mundo. Por ejemplo, el gluten tan vinculado a la celiaquía, es medido 10 partes por millón, cuando internacionalmente se demandan 20 partes por millón.

El Ministerio de Salud de la Nación ya envió equipos e insumos para detectar la presencia de gluten a las áreas de Bromatología de las 24 jurisdicciones del país.

Por otra parte, Aerolíneas Argentinas entrega menú para celiacos y creó un plan de traslado de medicamentos adonde el mercado no llega.

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Todos los alimentos, gracias a la tecnología comprada por el Poder Ejecutivo Nacional pueden evaluarse para eliminar contaminantes; se calculan con precisión los elementos con que se elaboraron.

Código Alimentario Argentino. En el marco de la Ley 26905, el actual Estado Nacional es pionero en el mundo sobre reglamentación: reformó en 2014 el código que contempla obligaciones en todo el territorio respecto a la reducción de sodio y de grasas trans (2% en aceites vegetales y margarinas para consumo directo y 5% en el resto de los alimentos).

Agregó el deber de analizar vitaminas, aditivos alimentarios, edulcorantes no nutritivos, aminoácidos, azúcares, isoflavonas, contaminantes, residuos de medicamentos veterinarios (hormonas, antibióticos, entre otros), residuos de pesticidas o plaguicidas y micotoxinas (tóxicos de hongos) en alimentos.

Esta decisión ha salvado 1.500 vidas por año y previno cerca de 2.800 infartos cardíacos y 5.400 eventos coronarios graves.

La remodelación del laboratorio garantiza una alimentación saludable, sumándose a los programas de Detección y Control de la Enfermedad Celíaca y de Control de Enfermedades Zoonóticas, así como también a las iniciativas "#Argentina libre de grasas trans" y "Menos sal, más vida".

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Argentina es uno de los principales productores y exportadores mundiales de alimentos, y por tal condición Cristina Kirchner condicionó que se brinden garantías sanitarias a su población y a sus clientes en el mundo.

"Menos sal, más vida". Este plan data de 2010; evitó 4.000 fallecimientos por infartos, accidentes cerebro-vasculares (ACV) y enfermedades renales al año y unos 40 mil eventos causantes de discapacidad.

Programa Nacional de Control de Enfermedades Zoonóticas. La cartera de salud nacional implementa políticas para impedir infecciones transmitidas por alimentos y/o agua contaminados; en ese sentido, trabaja con animales como reservorios de agentes patógenos.