Los japoneses son, sin duda alguna, gente muy rara. Es verdad, es otra cultura, otra religión y por ende, hay muchas de sus costumbres que a nosotros nos puedan parecer extrañas o inexplicables… pero su forma de entretenimiento es, sencillamente, extrema: Habrán oído hablar de cucarachas en tubos de plástico...

Uno de ellos consiste en una cámara oculta, en donde llevan a la “víctima” a una reunión y de pronto son atacados por terroristas desde el exterior. Muchos del staff fingen su muerte, mientras el engañado grita por su vida.

Por otro lado, una vez al año se organiza una carrera erótica, donde las actrices pornográficas de una de las empresas más grandes del país corren semidesnudas sobre unos carritos improvisados, pero equipados de todo tipo de utensilios…

En la isla tienen una obsesión con los programas de índole erótica, los cuales rompen con todos los esquemas y límites previstos en la #Televisión –cuyo ranking es altísimo–. ¿A qué me refiero? Bueno, es bastante conocido que a los japoneses les encanta el karaoke. ¿Cómo volverlo extremo? Pongamos a los concursantes masculinos a cantar detrás de un biombo, mientras una chica los estimula. Ganará aquél que logran permanecer indiferentes a tal estímulo durante la canción y sumará puntos por su tono de voz y si no hace pausas… ¿Qué les pasa?

En otro, ponen a un hombre y una mujer detrás de un panel, en donde hay un agujero para que sitúen allí sus traseros. Los concursantes, por lo general masculinos, deberán ver todos los traseros, y elegir cual suponen que es el de una mujer. Por supuesto que han habido sorpresitas… En otro caso, ponen a un hombre boca abajo con los pantalones bajos. Sobre el trasero le colocan un cuadrilátero de trompitos, el objetivo es lanzar los trompitos … Varios se han levantado con un salto. Otro caso: la carrera de obstáculos donde, a los participantes, les ponen gas pimienta en el trasero. –Se pueden imaginar el resultado…– Por último, el de las preguntas y respuestas: Dos hombres están atados, espalda contra espalda en el centro y delante de cada uno hay dos hombres en sendas plataformas, apoyados de rodillas y manos, vistiendo un traje que les deja el trasero al aire, a la altura del rostro de los dos participantes. Si los concursantes no contestan correctamente, las plataformas se van acercando a los rostros. Pierde el que tiene el trasero en la cara…

Otro juego consiste en comer un plato de ramen. ¿Cuál sería el desafío? ¡Ajá! Nada es tan sencillo en esta vida, deberán comerlo… ¡dentro de un lavarropas en funcionamiento! –Deal with it–. Ganará quien lo consiga en el menor tiempo. Extremo, ¿verdad? ¿Y el juego de pasarse lagartijas, ranas y todo tipo de bichos con la boca…?

También está el juego en el que un hombre, completamente embadurnado de aceite, deberá resbalar por sobre una pasarela de jovencitas tumbadas en bikini, una al lado de la otra. Gana quien llegue más lejos.

Parece ser que las japonesas no solo van por la calle vendiendo sus bombachas, sino que ahora alquilan sus muslos para que las empresas les impriman un dibujo temporal con sus publicidades, a sabiendas que allí se dirigen las miradas masculinas, más aún si la chica en cuestión está vistiendo una faldita. ¿Qué podemos relacionar con esto? ¡La carrera de muslos! Así es, gente. Las competidoras están abiertas de piernas –a lo Van Damme–, con los brazos estirados y corren moviendo ligeramente las caderas y los muslos, mientras ondean los brazos. No quisiera saber cómo lo logran…

Me permito hacer una reseña a Warhammer 40.000 –para no perder el estilo–: Los japoneses me recuerdan, salvando las distancias, a los Eldar, que en su constante búsqueda del placer insatisfecho los llevó casi a la extinción de su raza… ¿Qué pasará con el País del Sol Naciente en un futuro? #Humor #Funny video