“Algunas veces, tu peor Yo, es tu mejor Yo”, dijo Frank en True detective al detective Ray Velcoro, y claramente, esta profecía no se cumplió; los dos se cargaron con violencia y balas, los dos terminaron muertos.

¿Qué nos deja el final de temporada? ¡Puf! Cantidad. El público se dividió en dos bandos amplios, como si la misma grieta que existe entre los partidos políticos de Argentina se hubiera pasado al True detective, pero ésta brecha se da entre los fanáticos que odian la segunda temporada, y los que la defienden.

El declive de la serie es innegable, pero a medida que fue alcanzado el desarrollo máximo y dejando atrás la confusión se fue esclareciendo, como una sopa a la que le continuamos echando agua y cada vez se va volviendo más liquida y por eso visible.

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¡Quién puede negar la belleza de los personajes autodestructivos! El amor Velcoro-Bezzerides estallando en la pantalla con su tonalidad de escultura griega y grisácea, detonado por el pasado de ambos que encuentran su rumbo en el otro. Y ni siquiera necesitaron de escenas de sexo, porque no trataba sobre eso, sino sobre la fractura emocional que ambos tuvieron que solucionar para a su manera continuar hacia algún lugar posible. Y ese lugar resultó ser Venezuela.

Claro que Frank nunca llegó, y era de esperar que eso suceda. La división de la que hable anteriormente claramente se generó desde el principio de la segunda temporada, pero se terminó por solidificar con el final trágico en el que Velcoro y Frank mueren. La gente no quiere protagonistas muertos. La gente quería a Frank en Venezuela. 

Los que querían al Rusty y Marty de la primer temporada, sobreviviendo al catastrófico final, son los que odian la segunda.

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El público acostumbrado a las raras vueltas del #Cine y con una pupila más afilada, son los que defienden la segunda.

Esta brecha se abrió amplia dejando caer al medio a los que la disfrutaron y no saben que camino tomar; como el detective Dixon, quedando perdido en medio de la estafa, sin saber cuál es lugar en el mundo en el que todos se acomodaron menos él, que quedó vagando de una joyería a otra como un sabueso ciego en busca de su hueso.

Los que bancan a Frank y defiende la segunda temporada, habrán comprendido lo espléndido de su muerte, toda su vida resumida en una última escena en que sólo es posible llegar una conclusión: el esfuerzo alcanza para triunfar en vida, pero no sobre la muerte.

¿Y qué opinan de la última sorpresa? La esposa de Velcoro abriendo el sobre y enterándose que en realidad siempre fue el padre del niño naranja adicto a Friends. Una escena increíble que agrega una cierta tristeza absurda a la historia que vale la pena rescatar.

Y claro, la aparición fugaz de los hermanos, liberando la trama al entendimiento del público de una vez por todas.

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El argumento quedó claro. Lo que me gustaría rescatar acá es como el argumento, la trama, fue desplazada en los tres últimos capítulos para generar un acercamiento a los momentos íntimos de Velcoro y Bezzarides, de Frank y Jordan, y finalmente de Jordan y Bezzarides con el bebe.

El bebe: la luz al final del túnel, la muerte, una gran trifulca que en el último momento escupe un charco de sangre y del que nace una vida. En la serie el circulo de la vida no se rompió. Pero queda claro que el mundo en el que nace el hijo de Velcoro y Bezzarides es el mismo en que vivieron ellos: uno cansado, corrupto, y tejido por mentiras. #Televisión #Series