Ha sido su victoria número once y la que le ha valido su segundo campeonato, ahora Hamilton acaba de entrar al club de unos pocos, el de los bicampeones, entre los que se encuentran Graham Hill, Jim Clark (Reino Unido), Mika Hakkinen (Finlandia), Emerson Fittipaldi (Brasil), Alberto Ascari (Italia) y el español Fernando Alonso.

Y el ingles ganó desde la misma salida, donde su compañero de equipo realizó una más que desafortunada salida que casi lo empuja al tercer lugar antes de la segunda curva, por tanto las pocas probabilidades de Nico Rosberg se diluyeron casi por completo. Pero todo podía pasar en las 55 vueltas y pasó, pero para mal de Nico: problemas de potencia comenzaron a alejar por segundos y más segundos al alemán del título, al tiempo que el inglés volaba sobre la pista.

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Y los problemas del alemán se sumaban, el ERS fallaba, los frenos también y la potencia se sumó a todos los males de Nico que, de todas formas, mantuvo su espíritu deportivo hasta el final: al culminar la carrera no dudó en abrazar y saludar a Hamilton, compañero de equipo y amigo desde la infancia, gesto que le honra y deja patente que la amistad sigue por encima de la ocasional rivalidad.

Un Hamilton visiblemente emocionado y con lágrimas en los ojos se estrechó en un abrazo con Rosberg, de la misma forma que lo hizo Felipe Masa, el inglés lamentó los problemas de Nico y comentó que le habría gustado competir como siempre, de igual a igual, tal cual lo habían hecho a lo largo de todo el campeonato. Una competición que Mercedes ha ganado de punta a punta y ha demostrado al resto de los equipos cómo se hacen las cosas para alcanzar el campeonato del mundo.

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Por otro lado Fernando Alonso se retira finalmente de Ferrari en una carrera discreta, el propio rey Juan Carlos, al ser entrevistado, comentaba y, al mismo tiempo, daba una primicia que era cantada: la marcha del asturiano a Mac Laren y eso a pesar que se dice que las segundas partes nunca fueron buenas.

Culmina un año más de los últimos cinco donde las diferencias abismales entre los equipo nos dejan un mal sabor de boca, el dominio de los Mercedes ha sido insultante, como lo fue anteriormente el de los Red Bull y todo eso contribuye a falta de emoción a las carreras, desde el comienzo del campeonato ya no había dudas de qué escudería sería la vencedora, tan solo quedaba la duda en cual de los dos pilotos se alzaría con el de los pilotos.

Hamilton, como suele ser propio de él, se mostró altamente competitivo a lo largo del campeonato, sin tirar jamás la toalla, con un coche confiable y rápido, pero que de poco serviría si no lo pilotase alguien que derrocha talento, arrojo y sangre fría, ambición deportiva sana y, finalmente, madurez también, tanto emocional como deportiva, es lo que ha llevado a lo más alto por segunda vez a un Hamilton que defenderá su título con uñas y dientes en el 2015.