La minería es una actividad económica primaria, que la humanidad produce desde hace más de 5000 años. Dentro de los elementos que la roca ofrece, los metales preciosos como el oro y la plata. o metales de uso industrial como el cobre, el estaño, el hierro o el carbón mineral, son fuentes productivas para la maquinaria industrial capitalista que desde el siglo XVIII y XIX, con la revolución tecnológica, abrió nuevos valores para estas sociedades. Esto incrementó la cantidad de unidades producidas, a costa de la vida misma de los trabajadores, sin mediar estado o ley que hicieran respetar la salud y las condiciones laborales de los obreros, desde los que estaban en las minas hasta los que desarrollaban sus actividades en las nacientes y poderosas fábricas urbanas de aquellos días.

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Han pasado casi 200 años y si bien el derecho mundial avanzó respecto a las leyes laborales, no ha avanzado respecto de las leyes ecológicas de las comunidades. La economía capitalista armó ejércitos, destruyó países y pueblo enteros. Otros, los menos, resistieron y los problemas del planeta son cada vez mayores.

Por atraer inversiones, los gobiernos neoliberales de los países tercermundistas o en vías de desarrollo, permitieron el ingreso de capitales espúreos, que extraen toda la riqueza de los suelos, contaminan las napas acuíferas, modifican los paisajes, y luego nos dejan desiertos con gente enferma.

En América Latina, estos casos son muy comunes, como son comunes ya las puebladas y los referendos de comunidades conscientes que, ante las tremendas consecuencias, prefieren buscar soluciones a través de otras actividades que no perjudiquen los ecosistemas.

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Las principales extractoras mineras y contaminadoras voraces son las empresas canadienses, impulsadas por el gobierno neoconservador de Stephen Harper. Con promesas de apoyo político y de apoyo económico, los gobiernos abren las puertas de par en par, sin consultar a nadie y haciendo oídos sordos al desastre que generan.

Empresas como la Barrick Gold Corporation, se dedican a la extracción a cielo abierto, método condenado en la Cumbre de Kyoto en 1989, porque a través de cianuro, separan los metales de la piedra, utilizando gigantescos piletones de agua. De esta manera, el agua que debe ser para cultivos y para el bienestar de los pueblos que viven en torno a la mina, se contamina y se gasta en una actividad que no es de primera urgencia para el mundo, ya que sin agua nadie vive, pero sin oro todos podemos vivir.

En #Argentina, las provincias de La Rioja y de Catamarca, han revocado los permisos a las extractoras de oro, mientras que San Juan sí lo permitió.

En Guatemala, varios pueblos negaron la posibilidad a estos verdaderos monstruos.

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Sin embargo, las inversiones crecen y los suelos se contaminan.

En Costa Rica en 1996, logró cerrarse una minera y en Cuba, las denuncias contra una empresa del país norteamericano, lograron en 2012, cerrarla sin que la empresa se hiciese cargo de 12 km. contaminados.

La megaminería mató ya a 50 activistas entre fines del 2014 y lo que va del 2015, en las luchas por protestas contra esta verdadera violación a los derechos de los pueblos de Latinoamérica y del mundo.

Dentro de las políticas a profundizar por el kirchnerismo se encuentra este grave problema, que por diversos motivos no ha sido resuelto aún. Esto permite que las empresas extraigan los recursos de nuestro país, a través de acuerdos que sólo benefician a unos pocos, y que perjudican los recursos naturales de las poblaciones. O, como en el caso de la provincia de San Juan, generan soluciones a corto plazo sin observar los efectos que pueden perjudicar en el suelo, los recursos hídricos y la misma salud de la población cuyana.

Cuando las oposiciones latinoamericanas a los gobiernos populares sólo critican las formas y no los problemas que aún se deben solucionar, podemos leer que sus verdaderos intereses se centran en las ganancias propias y no en el bien de los pueblos. #Globalización #Medioambiente