Otra oportunidad para disfrutar una variedad en estilos, géneros e interpretaciones por parte de jóvenes directos y actores. La Casona Iluminada se ha convertido en una cita recurrente para aquellos que quieren experimentar nuevas y atractivas formas de mostrar su arte. Desde su creación #Teatro Bombón mantiene la premisa de sorprender y brindar oportunidad a jóvenes artistas, ya han pasado 6 exitosas ediciones con más de 800 funciones.

En Mini Bar de Pablo D’Elia, la actriz Tamara Garzon Zanca brilla en un personaje fresco, divertido e histriónico al mostrar su talento interpretativo. Victoria Cipriota crea un certero personaje enigmático, con sencillez pero números gestos dramáticos como lacrimosas miradas o complicidad con el auditorio logra trasmitir muy bien las distintas emociones en su creación.

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Y Jorgelina Vega cierra perfecto y de manera disparatada con su labor teatral, el trió amoroso que creó el hábil director D’Elia en una pieza que resulta moderna, actual y muy estética como una bocana de aire fresco.

En otro piso de la Casona se da Nuestros Hijos de Adrian Canale, una breve pieza dramática de la obra de Florencio Sanchez de 1907. Con cinco actores maravillosos (Tian Brass, Marina Fantini, Mariela Finkelstein, Melisa Pilla y Ximena Viscarret), el talentoso director soprende en la dinámica puesta, con el recurso mínimo de un solo espacio permite que el espectador se introduzca de lleno en la obra. Los actores salen y entran, hacen su labor escénica entre el público y plasman así de manera directa la fuerte trama. El embarazo de la menor de una familia de principio del siglo pasado, soltera y recién separada de su novio.

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El impacto social, la ética y moral dentro y fuera de la familia, falsedad extrema. Algo destacable es el preciso vestuario, refleja la impronta de la época y suma a la puesta de Tian Brass y Canale. Uno se va con la sensación de querer ver más. 

Mis tres hermanas de Marcelo Savignone, inspirado en la obra de Chéjov nos expone de manera concreta la relación actual de tres mujeres pertenecientes a una familia conflictiva de un lejano y pasado Moscu. Donde surgen reproches, un juego opuesto de amor y odio pero una fuerte unión entre ellas que no se rompe. Sensible, emotiva y distendía la obra crece hacia el final. Con diestras actuaciones del trió de interpretes (Mercedes Carbonella, Merceditas Elordi y Marta Rial) y acompañamiento exquisito en lo musical. En lo alto del edificio, Veinte metros cuadrados de Pablo Seijo nos permite espiar la relación conflictiva de una pareja que habita en un monoambiente. Lo limitado del espacio no se trasmite en las buenas actuaciones de Vanesa Maja y Pablo Seijo. Con un dialogo mordaz, cortante y un cambio de roles y emociones. El dominante será subyugado y el liberal oprimido. Una puesta asfixiante que invita a la reflexión cargada de momentos sutiles, dramáticos y suprema expresividad.   #Argentina #Cultura Buenos Aires