En la actualidad, el interés por los alimentos funcionales ha crecido a nivel mundial. Se trata de productos naturales o elaborados a través de la tecnología que provienen y controlan padecimientos crónico-degenerativos como diabetes y cáncer.

Así como los nutrientes (vitaminas, minerales y fibras), las sustancias químicas son parte de una dieta balanceada. Con el paso de los años se han destacado las características que convierten a un producto en funcional, pero ¿qué son?

Previenen y curan

Hoy en día somos más exigentes en cuanto a la calidad de vida, por lo que buscamos víveres que nos otorguen eso. La comida funcional tiene como objetivo, manifiesta la ingeniera en alimentos de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Ruth Martínez.

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Porque, además de nutrientes, aportan componentes, los que tienen una función específica para optimizar la #Salud. Es decir, previenen o reducen cierto tipo de enfermedades. "Como ejemplo tenemos el glucano, elemento que contiene la avena que reduce el colesterol en la sangre y ayuda a controlar la diabetes. Los carotenoides, sustancias de las zanahorias, reducen el riesgo de cáncer. Los más conocidos y estudiados como alimentos funcionales son las leches fermentadas como Yakult (lactobacilo casei Shirota) y yogures que contienen bacterias probióticas, las que regulan la flora intestinal y el sistema inmune.

Datos relevantes

En un artículo de la revista Diabetes hoy (vol. VIII no 4-2007) se refiere que el Life Sciences Institute (ILSI) los define como: "Alimentos que, en virtud de sus componentes fisiológicamente activos, proporcionan beneficios a la salud, además de la #Nutrición básica".

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Asimismo, el Instituto de la Medicina de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos la designa como: "Alimentos que se han manipulado o modificado de uno o más de sus ingredientes para mejorar sus contribuciones a una dieta saludable".

De acuerdo a esas definiciones, las frutas y vegetales son la muestra más simple de un alimento funcional, por ejemplo, el brócoli y la zanahoria por su contenido de sulforafano y betacaroteno, respectivamente.

Los productos funcionales no son un complemento, deben comerse como parte de una dieta sana equilibrada. Se tienen que incluir a diario "pan fortificado con un nutriente como fibra o leche adicionada con calcio por ejemplo, además de frutas, verduras y cereales.