Quizás haya que reflexionar sobre los túneles. Para salir delos campos de juego, en los estadios se construyen túneles que son pasillospara conectar a los vestuarios.

Desde hace más de 20 años, nos acostumbramos que para llegara ese túnel, los jugadores deban ingresar a otro, inflable, conocido como"manga". Rápidos los muchachos de negocios, convirtieron esa conexiónpara evitar agresiones a los jugadores en un espacio publicitario.

Anoche, en el Boca-River por los octavos de final de la CopaLibertadores hubo un tercer túnel, improvisado con escudos de la policía. Igual,no fue suficiente para evitar la lluvia de botellas de plástico desde laplatea. Quizás estamos susceptibles, y como sucedió con la manga, en un par deaños nos parezca "normal" que la cana arme ese túnel con escudos.

El Fútbol Argentino transita por un sendero oscuro dónde nosacostumbramos a la anomalía.

Sabemos que si vamos a una popular, te puedenrobar, es “normal”. Sabemos que los barras se enfrentan, la policía los deja y muchoshinchas les “hacen la barra”. En Instituto de Córdoba, por ejemplo, desde hace años,se disputan el liderazgo de la barra dos facciones (se disputan el negocio quesignifica ser La Barra). En el club, muy creativos los dirigentes, aprovecharonla prohibición de público visitante y, eureka, encontraron la solución, unacabecera para cada barra.

Solucionado. ¿Solucionado? Para el resto de lossimpatizantes de la Gloria, es “normal” que desde detrás de un arco se canteuna canción y desde el frente se cante otra, aunque “alienten” al mismo equipo.

¿Es una situación exclusiva de los barras? No. En una canchase observa como ciudadanos se convierten en energúmenos. Es legítimo insultar aun rival. Por qué no, escupirlo. La identificación con los colores está teñidade violencia, expresada en las canciones con promesas de corridas, tiros ymuerte.

Quizás haya que reflexionar sobre los túneles que transitael Fútbol y preguntarnos hacia dónde lo llevan.

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