En ciertos momentos ocupa un lugar especial la sensación de la melancolía, que impide superar el bajón anímico que ocasiona.

Los motivos pueden ser varios

  • Invade la tristeza cuando se recuerda a alguien especial que ya no se encuentra en esta vida.

  • Se rememora una persona o circunstancia del pasado que trazan una línea en el tiempo y obstaculizan la posibilidad de reconocer logros o metas propias alcanzadas; la melancolía golpea demasiado fuerte y no es factible detener el pensamiento en hechos positivos.

  • A veces influye la lluvia, el frío o la soledad.

  • No siempre se reconoce la razón de la tristeza y se abre la puerta a la depresión cuando la mente no puede salir de esta sensación; se recarga con actitudes que no son las indicadas, por ejemplo escuchar música con letras depresivas.

  • Se da paso a la desesperanza al calificar al mundo y/o la gente como injusto, cruel, incoherente.

  • Sin un cambio, quedarse en ese estado es inmanejable.

La búsqueda de un cambio es imprescindible para que no gane la depresión.

De inmediato, hay que encarar conscientemente lo que es susceptible de un cambio desde la esfera personal, predisponerse a dar y recibir de los demás y gratificarse con ello.

De la melancolía han salido la poesía, la música y obras de arte en general, y esto ha sido así porque los creadores lograron también evocar con la mente y el corazón momentos de satisfacción que quisieron volver a vivir.

Por eso no deja de ser de utilidad traer a la mente algún episodio que ha proporcionado felicidad, aún cuando se sienta melancolía al pensarlo.

Traer el pasado al presente provoca experiencias que brindan aprendizaje.

No es malo, entonces, sentir la melancolía en tanto se evite su permanencia.

Adjudicarle valor al presente



Corresponde comprender que no son dañinas las sensaciones diferentes de la alegría y la aparición repentina de caídas de ánimo; bien manejadas y valorando el presente, no perjudican.

La melancolía igualmente es necesaria



En una persona violentada por la melancolía se halla la tendencia a la tristeza.

No obstante, la melancolía es necesaria para validar cambios de estado. Por un lado, el individuo piensa y repiensa en sí mismo, por otro, se conecta con sus emociones que son potenciales o disparadores. 



Durante el transcurso de la melancolía, se está en soledad y en silencio, y ambas son posibilidades para aprovechar a introducirse en el propio interior.

Por supuesto, que si un sujeto se entrega a la melancolía, ella aventaja y lo derrumba en la depresión.

El silencio ayuda



El silencio es factible calificarlo como trascendental ya que invita a la conquista de la conciencia, a adentrase en uno mismo, algo que usualmente no se comete en una cultura donde prima "la carrera y el apuro."

Replantearse el estilo de vida



De la melancolía se sale en la medida en que quien la sufre se replantea lo que le está ocurriendo, sus hábitos, estilo de vida o rutina nocivos y "sale a buscar la felicidad".

Permitirse sentirse vivo

En nada aporta escuchar música triste o encerrarse; hay que permitirse sentirse vivo, realizar deporte, hablar con gente que "regale" un mejor estado de ánimo; así, poco a poco, se produce el cambio de cuanto agobia.

La verdadera derrota se genera cuando uno admite que su cabeza se abarrote de ideas tristes.

Para empezar, es preciso modificar el discurso íntimo, las palabras que lastiman; si se le da paso a una tristeza constante nunca se verá la solución.

Fuentes: Marina Rodríguez, Sofróloga

Marcela Callejas, Psicóloga