Hemos de admitirlo: los hombres podemos ser muy valientes eincluso ser mal considerados el “sexo fuerte”, podemos decir que hemosevolucionado y madurado socialmente pero de eso pienso que aún nos queda unbuen trecho por delante. Pongamos unejemplo práctico, se acercan las fechas más señaladas como navidades, nochevieja y reyes, vamos, están allí a la vuelta de la esquina y tenemos que pensaren un regalo especial para nuestra media naranja así que a poner todas lasneuronas en funcionamiento para sorprenderla y por qué no, demostrarle lo muchoque la queremos.

Un perfume es casi como una lotería a no ser que conozcas supreferido ya que elegir ese que te recomienda la vendedora puede oler muy bienpero hay que ser previsor, pues no todos huelen de la misma forma en la piel yluego está, aunque parezca mentira, la época del año, ya que un perfume que huelemuy bien en invierno, apenas se notará en el verano, además de que su aroma noperdura de la misma forma.

Te queda la opción de una escapada romántica los dos solitos, sitienen hijos y cuentan con abuelos que se resignan valientemente a pasar unmínimo de 48 horas con el terremoto de nieto que le ha tocado en suerte, mientras te vas con tu reina a disfrutar un fin de semana en paz, armonía yromanticismo. Y por último, algo que atodos nos gusta hacer pero tenemos ciertos problemas.

Y es así, un 99% por ciento pensamos en hacer ese regalo, unconjuntito de esos picarones, incluso hasta alguno se imagina las medias conliguero para darle más picante al asunto y recuperar la llama o avivarla más delo que está, pero la cosa se complica pues incluso luego de traspasar la tiendade lencería ya sentimos una especie de claustrofobia y unos deseos de gritarque la tierra te trague, encima son todas vendedoras, algo que por un lado nosabes si lo tienes que agradecer o maldecir, a ver si encima la vendedora va a pensar que eres rarito. Lodicho: comprar lencería femenina equivale para la mayoría a ir a la farmaciay pedir condones, sobre todo si nuevamente te atiende una mujer. Y es que aquíes donde hasta el más bueno naufraga.

Si pasas esa parte, no creas que vas bien, qué va, si te queda lapeor parte y es la de adivinar su talla, puede que el tanga pase rápido elexamen, pero nos queda el corpiño y si no has sido previsor al mirar la talla deuno de ella, por lo general no pasas el examen. Luego está el tema de saber cómo le va a quedar y no creo que te animesa probarle el conjuntito al maniquí, por que entonces sí que estás frito. Y por último, te queda no sé si lo peor o, como mínimo, es algo que no deja de ser un dilema: el color. Dicho así, suena todo sencillo y, a no serque lo tomes como lo más natural del mundo, te puedo asegurar que nada de eso,por lo general, las vendedoras “huelen” que estás incómodo y más desubicado que Adán en el día de la Madre, asíque se aprovechan de nuestra nobleza vendiéndonos un conjunto que te va a dejartemblando por lo que cuesta.

Pero eso, recién lo veras cuando te llegue el extracto de latarjeta, así que no sufras y, si lo hacés, lo mejor es mentalizarte de que estáscomprando unos boxers y que te atiende un hombre, sólo así y aún con extremaconcentración pasarás la prueba sin que tengas que comprar lo primero que temuestran para luego salir de allí, como si hubieses cometido un delito.

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