La foto es la de Maradona llorando desconsolado en laentrega de la medalla luego del subcampeonato del mundo frente a Alemania, enItalia en 1990. Después el libro “Doctor y Campeón”, autobiografía autorizadade Carlos Salvador Bilardo quecuenta textual “para él (por Maradona)como para mí el segundo puesto no existe. Recuerdo su llanto incontenible, sin consuelopor haber perdido la final.

Eso es algo que jamás voy a olvidar, que también meenorgulleció”.

Y el puente concluye inevitable en el día del Maracaná en Río deJaneiro, en Brasil, en el mundialpasado del año 2014, en la final frente, otra vez, a Alemania, y en otrosubcampeonato.

Creo que es bueno encontrarsereferenciado. Y como muchas veces me pasa es con los ídolos, y sin dudas Bilardo es uno, y es uno que vienedesde la infancia, que generó ese álbum de figuritas de Italia 90’, que provocó que saliéramoscon mi vieja en el antiguo modelo Citroen, con manija en las puertas, despuésde cada partido por las calles de Santa Rosa a tocar bocina y gritar“borombombom, borombombom, es el equipo del Narigón”, ese que puso después dela lesión de Pumpido al héroe del Goyco, y a mí me regalaran ese buzo dearquero inolvidable.

Esas imágenes se confundían con lasactuales que llegaban con la ilusión de ganar en el país rival, que mostraba laplaya de Copacabana [VIDEO] repleta de argentinos que se hacían sentir, pero que secontrarrestaba con un Estadio minado de brasileños silbándonos que secompletaba con mitad alemanes y la otra mitad entre turistas extranjeros ynosotros, que le hacíamos frente, siendo nada más que un puchito de connacionales.

El folclore que mostramos en lospartidos iniciales dónde fuimos locales cambió en el encuentro final y nos hicieronsentir la hostilidad y la condición de visitante.

Silbaron el himno, difamaronnuestros ídolos, provocaron a los puñados de nuestros hinchas que se encontrabandispersos. Los mismos tipos que se había comido siete goles un par de díasatrás eran fervientes hinchas de sus verdugos.

El subte plagado de chicosbrasileños con la camiseta de Alemania fue lo que me impactó, pensaba en eldolor que sufrís cuando sos pibe, no entiendo cómo sus viejos fueron a comprarremeras alemanas, cómo esos mismos chiquitos brasileros que seguramentesufrieron la derrota gustos la llevaban puesta.

No te pierdas la segunda parte, el desenlace final, seguí leyendo este emotivo relato. 

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