Y buscando aclarar…oscureció. Eljuez Piombo de la Cámara de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, fueentrevistado por diferentes medios ante la indignación generalizada que desatósu polémico e incomprensible fallo en concordancia con Sal LLargués, donde lereduce la condena a un violador que abusó de un niño de seis años con laargumentación que “era gay”.

El polémico juez dijo: “Que la ley a veces no tiene sentido común”.Bien, es cierto, muchas veces los legisladores brindan generalidades, vacíosy abstracciones movidos por una necesidad electoral o para aquietar unaprotesta generalizada por un hecho puntual.

Pero no es tan así como se llega alos fallos. En primer lugar los jueces no hacen una interpretación literal,sino que recurren a una serie de elementos para llegar a lo que se conoce como sureal saber y entender. Para ello, tienen jurisprudencia -otrosfallos-, incluso comparada -de otros países-, doctrina que es elpensamiento de distintos juristas, consultas de otras disciplinas, y por sobretodas las cosas CRITERIO.

Esta frase del juez es la esgrimida por muchospenalistas a cargo de la revisión de condenas cuando manifiestan que a ellosles tocaba decidir sobre la reducción de la pena del condenado y nada más, comoexactamente dijo este juez. El caso ameritaba contemplar otras facetas delderecho, mucho más ricas, donde se habla hasta el hartazgo de los Derechos delNiño, y donde hay infinidad de fallos condenatorios ejemplares, justamente porlos mismos argumentos que utilizaron estos magistrados para reducir la pena.

“NO dijimos que era gay, dijimos que como ya había sido abusado por supadre, había sido introducido con anterioridad al mundo “trans”, por eso nofue tan ultrajante”. No solamente era víctima de un abuso anterior, sinoque ante la re-victimización es culpable. Haciendo un esfuerzo intelectual, sepuede decir que ante el texto de la ley en los agravantes no consideraron estosjueces que esa vulneración de la esfera íntima del niño con el abuso de estedepredador, fue gravemente ultrajante porque ya lo había vivido (sic).

Aunque muchos jueces considerarían locontrario, sí lo comprenderían al menos otros tres agravantes, por locual este señor debería volver a cumplir una condena.

No vale la pena tratar de hacerel recorrido mental que llevó a decir a este juez que un niño, que ya fueabusado por su padre, donde no tenían idea cómo está ese proceso “porque la causa no la tenían ellos” yal tratar de insertarse en una rutina de vida que lo contenga, un hombre de suconfianza vuelve a agredirlo sexualmente, no le ocasionó un daño irreparable ensu integridad psicofísica.

Con este último argumento el abogado de la familiadel niño apelará a la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires.

A veces, sólo a veces, lo que esultrajante es la respuesta de la justicia.

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