Igual queen las elecciones de 2011, el camino previo fue acompañado por un discursoopositor que pasó de asegurar el fin de ciclo, al miedo de una victoria delFrente Para la Victoria (FPV) en primera vuelta. En 2011 Cristina Fernández fuereelegida con el 54 por ciento, lejos del segundo Hermes Binner, del extintoFrente Amplio Progresista (FAP).

Hace meses,los columnistas de La Nación y Clarín, festejaban una victoria anticipada de unfrente afín a los intereses del establishment, ya fuera encabezado por MauricioMacri o Sergio Massa. En el peor de los casos, el kirchnerismo impondría algobernador bonaerense Daniel Scioli, a quien desde el sector empresarial, se loveía como “cercano”.

Cierto esque las disputas de Scioli con Cristina y Néstor Kirchner, fueron siempre unsecreto a voces. También es cierto que su discurso agrada a los sectores depoder, similar al de Massa o Macri, y que el reparto de la publicidad oficial de la provincia beneficia al grupoClarín.

Peroúltimamente, el gobernador ‘kirchnerizo’ su campaña. “Scioli para la victoria”,dice su eslogan, en celesta y blanco. El naranja, que representó suindependencia del matrimonio sureño, pasó a ser solamente una delgada franjadebajo del lema.

Esto asustóa los poderes fácticos, siempre representados por Clarín y La Nación. Losempresarios empezaron a reclamar una alianza Macri-Massa. El tigrense se negó abajarse para ser candidato a gobernador. Macri rechazó unirse con Massa,alguien que formó parte del gobierno nacional alejaría a su electorado másopositor.

A losclarinistas, les jugó en contra su mal análisis. Pensaron que a Scioli leconvendría alejarse del kirchnerismo. Esto se refleja en ‘El salto del tigre’,una biografía de Massa. Aquí se cuenta cuando Scioli rechazóintegrar el Frente Renovador. “No puedo traicionar, no soy yo”, dijo elgobernador. “No tiene huevos, es un cagón”, sentenció el intendente de Tigre.

Lejos deser “cagón”, a Scioli no le conviene irse del FPV. Sus “votospropios” están sobrevaluados, son muchísimos más los que suma al presentarsecomo “continuidad del proyecto".

Otro errorde los análisis mediáticos es plantear el paradigma “continuidad-cambio”, quetomó fuerza en 2009 y 2013, cuando las legislativas dieron al FPV un 30 porciento. Considerar que “el gobierno perdió 7 a 3”no toma en cuenta que el voto negativo se da en Gran Hermano, pero no enelecciones nacionales. Muchos opositores, como la izquierda y centroizquierda,no están dispuestos a votar a Massa o Macri, ni siquiera en un ballotage.

El caminoelegido por otros es insistir que Scioli no tiene nada que ver con el FPV, ytampoco su competidor interno, el ministro del Interior Florencio Randazzo. Elúnico argumento usado contra el ministro es su pasado en el gobierno de FelipeSolá. Quienencabeza esta postura es Carlos Pagni, de TN y La Nación.

La imagendel gobierno está mejorando. La presidenta tiene alta popularidad, a lo que se sumala estabilidad económica, sea o no temporal. Además, se recuperó del sismocausado por la muerte del Fiscal Nisman, luego de presentar una dudosadenuncia contra el gobierno. La idea de que “fue Cristina”, quedó relegada a un pequeño sectorultraopositor.

De todasformas, los más alineados a la Casa Rosada, no están menos asustados que losmultimedios. Scioli como presidente sería una incógnita para todos. La mayoríase resigna a apoyarlo por ser el "único con chances", el ministro del Interior aparece todavía lejos del gobernador.

“Scioli,Massa y Macri son los candidatos del establishment”, repite sin éxito Randazzo. Por esto,el único que cayó parado en todo este lío es Scioli. Aunque en meses preelectorales todo puedecambiar.

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