Ser famoso tiene una parte buena y una parte mala. De hecho tiene una parte maravillosa y una absolutamente horrible.

Por un lado eres una persona querida y que tiene reservas infinitas de amor guardadas en los corazones de tus fans, que en cada estreno de una película, cada presentación de un libro y celebración de un concierto en el que eres protagonista o sencillamente vas no paran de recordarte que eres querido.

Por el otro eres un producto que todos los medios de información, pero especialmente los del corazón o prensa rosa, están deseando poder ofrecer a sus espectadores y lectores en pequeñas cantidades, como galletitas saladas con una enorme carga de rumores y a ser posibles aderezadas con toda la carga de vergüenza para tu persona que sea posible.

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Y si hay algo que alimente la máquina de la prensa del corazón es el sexo. Los mejores rumores que toda revista o programa de televisión pueden soñar son precisamente los relacionados con las relaciones sentimentales que los famosos más célebres del panorama internacional y, a ser posible, con la vida sexual de dichos famosos. Nada mejor para un programa del corazón que hablarnos durante horas de con quién se acuesta determinado famoso.

Es por esto que Taylor Swift ha decidido decir basta y circunscribir su vida sentimental a un hombre que sea capaz de hacer que valga la pena que cada una de las citas sea rodeada por un ejército de paparazzi e iluminada hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo por miles de flashes que te recuerden cada instante de la relación que estas siendo observada por el mundo.

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Según declaraciones de Taylor Swift. "La idea de una cita me provoca cierto ataque de pánico. Para mí, quedar con alguien implica cuarenta cámaras de paparazzi, a través de una ventana, disparándonos sin parar. Y eso no es nada relajante y no me anima en absoluto. Hace que quiera correr y esconderme bajo el sofá".

Una situación así es una pesadilla por la que tiene que merecer la pena pasar cada uno de los días de la relación, lo que hace que los requerimientos del afortunado sean altísimos y que muy pocos hombres en el mundo sean capaces de cumplirlos de manera satisfactoria y suficiente. Como dijo la propia Taylor Swift "un hombre entre un millón".