La Segunda Guerra Mundial vivió una de sus historias más memorables muy lejos de donde se desarrolló la guerra más cruenta que la humanidad pueda recordar, el Río de la Plata y, en especial, Montevideo, asistió al hundimiento de Graf Spee siendo testigo entonces del fin de un navío que pasó a la historia por su corta trayectoria pero también por su final tan peculiar.

Tuve la suerte de escuchar historias en más de una oportunidad de veteranos que presenciaron la llegada del llamado acorazado de bolsillo, algunas serían verídicas y otras probablemente alimentadas por la fantasía de aquellos que la narraron, pero lo cierto es que la conocida como la Batalla del Río de la Plata forma parte misma de la historia uruguaya, cada año y este especialmente el hundimiento del Graf Spee es recordado por todos lo medios de comunicación de Uruguay y también por familiares de su tripulación.

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El Admiral Graf Spee fue botado en el año 1934, a un año de la llegada de Hitler al poder, quien ya preparaba su poderío naval dentro de las limitaciones que imponía el Tratado de Versalles en las cuales se prohibía a Alemania disponer de navíos superiores a las 10 mil toneladas, el Graf Spee respetaba esas prohibiciones pero disponía de un armamento impresionante, con sus apenas 188 metros de largo contaba entre parte de ese armamento con 6 cañones de 280 mm y ocho de 150 mm, mientras que su velocidad podía alcanzar los 26 nudos, algo que lo convertía en eficaz, mortífero y veloz.

Su historia fue breve pero como decía tremendamente eficaz, el Grf Spee actúo como una nave corsaria y su cometido fue desde el comienzo destruir el tráfico mercante enemigo, para ello sus directivas fueron claras, no atracar en puerto alguno, ya fuese enemigo o neutral, ni entrar en combate a no ser que fuera insdispensable, podía camuflarse cambiando de nombre o bandera y se abastecería en puntos concretos previamente establecidos a través del petrolero Altamark.

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De septiembre a diciembre logró capturar 9 barcos mercantes, hundiendo algunos de ellos pero en todos los casos los marineros de los barcos fueron siempre rescatados por orden expresa de Langsdorff, capitán del Graf Spee, si bien la historia nunca se ha puesto de acuerdo a cómo se dieron los hechos lo que sí queda claro es que el Comodoro Henry Harwood fue quien dirigió la batalla que posteriormente concluyó con el hundimiento del acorazado.

Dirigió la batalla en donde los tres cruceros lograron encajar 20 cañonazos al Graf Spee, provocando serios daños en el mismo y 66 muertos, estos fueron el Ajax, el Achilles y el Exeter, el 13 de diciembre de 1939, el propio capitán del barco resultó herido, esto obligó al buque a dirigirse a un puerto neutral, Uruguay que era neutral en la guerra acordó que por 72 horas el buque corsario atracara para bajar sus heridos y sus muertos, que fueron enterrados con honores mientras se libraba una batalla diplomática por el destino del buque y su tripulación, al vencer el plazo el Graf Spee tuvo que abandonar puerto.

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A escasos kilómetros de la costa el barco detuvo su marcha y de inmediato su tripulación abandonó la nave poniendo destino a Buenos Aires, a los pocos minutos miles de uruguayos pudieron contemplar y escuchar un tremendo estallido, al que prosiguieron varios más a lo largo de una hora, el 20 de diciembre su capitán se suicidaba en un hotel de Buenos Aires.