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Ayer volvió a los cuadriláteros la estrella de cine estadounidense y ex-boxeador Mickey Rourke. Y es que, el actor norteamericano que ha protagonizado películas como, "Nueve semanas y media" volvería a enfundarse los guantes tras 18 años para disputar un combate contra Seymour, un boxeador profesional que tiene, ni más ni menos que 43 años menos que él.


El combate se disputó en Moscú, donde Mickey fue ovacionado como una gran estrella, apareció vestido como tal, con un sombrero de "cowboy" y unos guantes dorados. Rourke era la estrella y estaba disfrutando del momento, nada extraño ya que en la víspera del acontecimiento este declaró, "Estoy muy contento por subirme a un ring, doy gracias a Dios por darme esta posibilidad".


Aunque tras ver la pelea, la verdad, que las dudas me asaltan, y es que más que su vuelta al boxeo pareció su vuelta a la actuación, porque el combate realmente no fue un combate, sino más bien una representación de éste, y en el cual, un viejo con mucho dinero y fama ganaba a un joven sin fama y sin tanto dinero.


Y es que al final es esta la sensación que me queda tras ver tal espectáculo, porque no se puede calificar de combate, sino de espectáculo. Era tan evidente que Rourke no podía ganar Seymour , que este tuvo que tirarse al suelo por dos caricias, ya que esto era lo único que podía ofrecer la estrella de cine. Y ya que se sabía de antemano, el combate estaba previsto para sólo 5 asaltos, aunque ni hicieron falta, pues en el segundo y tras sólo cuatro minutos de "pelea", Seymour, renunció debido a las salvajes caricias de Rourke. Sin lugar a dudas su anterior regreso mediático, en aquella ocasión frente a las cámaras, tuvo un mejor resultado, tanto es así que incluso estuvo nominado para los Oscar como mejor actor, por su papel de luchador veterano en "The Wrestler de Darren Aronofsky", que muchos interpretaron casi como una historia similar a la suya propia. Viendo lo fácil que ganó ayer a alguien tan joven y la poca dificultad que tuvo para volver a ser alguien en el cine, algo parece claro y es que la fama y el dinero vale más que la juventud y sus virtudes.