Luego de la festejada e ignorada derrotadel kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires que dio origen a la primera partede esta columna, tomamos el desafío de ampliar la mirada a nivel provincial ynacional.

Dentro de este marco de cegueradeliberada, el oficialismo continúa el esfuerzo de sostener el relato a pesarde sus propias contradicciones. Solo si tomamos el último período de la gestiónde la presidente Cristina Fernández de Kirchner encontramos falencias en laconstrucción del relato.

La incorporación de lacandidatura a vicejefede Gobierno del radical Leandro Santoro, crítico feroz del Gobierno y hoyalineado al oficialismo desde la subsecretaría para la Reforma Institucional yFortalecimiento de la Democracia, no hace más que tambalear la estructuradiscursiva del kirchnerismo puro y duro, donde prima el pragmatismo político yelectoral por sobre los lineamientos ideológicos históricos, que ellos mismosexpresan desde el episodio de Julio Cobos con el “voto no positivo”.

La cristalización de estascontradicciones y la resistencia a abandonar el poder continúa con la aceptaciónde aquel Scioli que se toma fotos en la guaridadel enemigo (Espacio Clarín) al nuevo Daniel, que es un compañerokirchnerista de la primera hora y que contraponen a un Randazzo combativo y endesventaja. Inclusive, pidiendo baños de humildad sugiriendo la bajade los demás candidatos a las internas presidenciales.

Los sondeos indican que el núcleoduro oficialista votará a Scioli incluso en las primarias. Dicha compulsa estádefinida entre el Gobernador de Buenos Aires y el Ministro Florencio Randazzo. Sciolies quien les garantiza una posible victoria ya en las generales de Octubre, lacontienda entonces será poder versusideología, es decir, conservar el poder aún a costa de traicionar aquellode construyeron durante una década. ¿Traición a su ideología? ¿Pragmatismopolítico? No sabemos, la ceguera no nos deja ver.

Situación similar se vive en laProvincia de Buenos Aires, donde había más de media docena de candidatos, soloquedaron los que la Presidente permitió. A excepción de la sorpresa de DiegoBossio, quien tenía aprobación de gestión e imagen. Entonces Aníbal ordena laprovincia, que concentra el 40% del padrón nacional, Julián Domínguez atrae alcampo y el soldado Berni nos cuida. Ahora solo le faltan los votos deInsaurralde, el nuevo Scioli.

Por último, claro está que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchnerdesignó a dedo los candidatos y muestra su apoyo, tanto a los azules como a loscolorados. Cristina, ¿aprendió de Mauricio?.

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